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domingo, 28 de septiembre de 2014

58. Último capítulo.

Tercer asalto. Hope estaba agotada. Y tenía la muñeca dolorida. Había querido dar un golpe en el estómago a su rival pero esta se había apartado rapidamente haciendo que el golpe fuese a parar a una de las gomas que delimitaban el ring. Pero Hope no se rendía. Había tenido que cambiar el  brazo que la protegía por el derecho ya que, en ese momento, el brazo izquierda era el que estaba en mejores condiciones pero le resultaba extraño tener que usar su zurda para dar los golpes. Eso Louis lo notaba por lo que tardaba en extender el brazo. Louis se había llevado las manos a la cara porque comosiguiese agarrando la madera del bando tenía miedo de partirle por la tensión. Suspiraba. 

"Vamos, Hope, tú puedes." pensaba cada vez que recibía un golpe de su rival.     

Laura corría por las calles de Londres intentando resguardarse de la lluvia. Tenía mucho frío. El agua le había hecho sentir frío en sus huesos hasta tal punto de detenerse en uno de los portales que le rodeaban. Se sentó en unas escaleras a llorar. Se intentó secar las lágrimas con las mangas de su abrigo de lana, intentó colocarse el gorro que cubría su pelo, intentaba serenarse pero le resultaba imposible. Había sido engañada por Liam para que fuese a hablar con su madre biológica. No sabía como había sido capaz de ser tan ruin con ella. ¿Por qué? 

"¿Por qué no quería que fuese feliz?" pensaba Laura. 

Y es que Laura solo quería imaginarse como hubiese sido su vida junto a su madre, separada de sus padres homosexuales. Hubiese sido una niña encantadora. ¿O quizá hubiese sido una niña como esas que salen en los documentales? Una vez vio uno en el que entrevistaban a una prostituta drogadicta como su madre cuya hija estaba sucia y mal cuidada porque su madre solo quería gastarse el dinero en droga, en unos gramos de cocaína. La entrevistadora preguntó a la prostituta si no sentía un mínimo de amor por su hija y ella se sintió ofendida. Dijo: 

"Claro que la quiero, ¡es mi hija!".

El cuerpo de Laura dejó de temblar, y dejó de llorar, y entonces, solo entonces, sonrió. Sonrió al comprender que esa mujer quería a su hija y que por eso no podía apartarse de ella. Y sonrió porque también comprendió otra cosa: su madre la había querido tanto que la había dado en adopción para que fuese feliz, aunque la madre no hubiese soportado separarse de ella. 

Niall miró a su madre justo después de cenar, a la hora del postre. Era el momento, el momento de decirla que había encontrado a alguien que le hacía feliz, que le hacía sentir bien. 
-Mamá, tengo que decirte una cosa. 

La señora le miró, al principio sorprendida -su hijo no solía contarle a ella las cosas, nunca habían tenido esa confianza como para contarse secretos- y luego curiosa.
-Dime, hijo.
-He conocido a alguien. 

La señora -que vestía un jersey rojo con algunos bordados navideños como estrellas y renos- abrió la boca.
-¿Sí? 
-Sí. Es de Londres- dijo el muchacho-. Bueno, no, en realidad es de Doncaster pero vive en Londres.  

La señora, atónita, abrió la boca. 
-¿Estás saliendo con tu amigo Louis? 
-¿Qué? ¡No! ¡Es una chica, mamá!- dijo riéndose el irlandés por la cara que había puesto su madre-. Se llama Ana, Ana Marshall. Y creo que es perfecta para mí.

La madre, que con la aclaración de su hijo se había tranquilizado, sonrió.
-¿Qué edad tiene? 
-Tiene diecisiete años. 
-¿No es un poco joven? Bueno, tu tienes diecinueve años. 
-No, mamá. Es perfecta. Es simpática, amable, dulce... 

Maura, que así se llamaba la mujer, sonrió y no paró de hacerlo mientras que si hijo le explicaba todo sobre la relación que mantenía con su novia. 
-Espero que seais felices.
-Lo somos, mamá.  

Zayn acababa de aparcar en frente de la casa de los Smith y había bajado del viejo coche que usaba para transportarse por la ciudad de Londres. Estaba lloviendo y hacía mucho viento. Empezó a mirar por las ventanas de la fachada de la casa y vió que había luz en algunas habitaciones. 
-¡Lucía!- chilló.

El flequillo que tenía y que se ponía a modo de tupé, por la huledad, se había pegado a su frente. Se había olvidado -por las prisas- de llevarse un paraguas. 
-¡Lucía! 

Cada vez se estaba mojando más y más. Y las gotas de lluvia hacía que pareciese que no estaba llorando pero lo hacía. De rabia. ¿Acaso ese amor mo le hacía sentir bien? Se había enamorado completamente de esa muchacha a la que llamaba a gritos en frente de su casa. ¿Por qué estaba tan mal en ese momento? ¿Era ella? Sabía la respuesta. La había hecho daño justo de la forma en la que pensaba que no lo haría: la había dejado hacía unas semanas atrás. ¿Eran los te quiero's que aún resonaban en su cabeza? No se lo habían dicho siempre pero las pocas veces que lo habían hecho sabían que lo decían de corazón. ¿O era, simplemente, que Zayn pensaba que ella ya no sentía nada por él? Lucía hubiese salido a la primera llamada.

Abrió la boca de nuevo y empezó a gritar. Su nombre era lo unico que podia decir. Ni una conjunción. Ni un verbo. Pero sus gritos a ella le parecieron suspiros. 


Él habia dejado de gritar el nombre de la muchacha tras unos minutos. Estaba sentado en el bordillo de la acera mientras miraba, con dificultad ya que la lluvia golpeaba su cara, las ventanas de la casa por si aparecia ella pero no. ¿Para que habia gritado? Para verla pero... Le habia ignorado. Había seguido el consejo de su padre: ir a por ella. Había fracasado. 

Harry se había vestido con una camiseta blanca y con unos vaqueros. Ya se pondría una americana después. Ahora lo más importante era saber dónde estaba el local a donde irían hoy las hermanas Smith así que hizo un par de llamadas antes de partir del piso. 

Cuando llegó al local, aún estaba vacio. Solo había un par de camareros que aún estaban preparando el bar para la fiesta que tendría lugar allí. 

Había un par de girnaldas de color rojo y verde y unas cuantas bolas de navidad de distintos tamaños. Además, los camareros vestían una camiseta de color rojo y tenían que llevar un gorro de Papá Noel para estar acordes al decorado.
-Por favor- dijo a uno de los camareros-, pongame una Coca-Cola.
-¿Algo de alcohol?
-No, gracias. Quiero aguantar esta noche- susurró al camarero-. Tengo cosas importantes que hacer esta noche. 

-¡El combate está que arde!- gritaba el periodista deportivo que comentaba la final del guante blanco. 

Hope miraba a su rival con dolor. Su muñdca derecha era, en ese momento, inservible, no tenía fuerza, y estaba obligada a usarla como escudo en vez de la izquierda. Nunca había imaginado que eso pasara y por eso nunca había entrenado de esa forma y por eso estaba cansada. 

En un momento de descanso miró al público. Su hermana ana estaba en pie gritandola palabras de ánimo junto a sus padres. El público -gente que había apostado- estaba nervioso. Pero el único que parecía tranquilo era Louis. La miraba serena, tranquila y sonrientemente. Sus ojos azules tenían un brillo especial, un brillo que la distrajo y que la costó un puñetazo en el estómago. 

Se cayó al suelo pero no se rindió. No había arriesgado tanto para no ganar. Había puesto en peligro su carrera universitaria, su futuro, a Louis. No iba a dejar que todo eso fuese en balde. Así que se levantó.
-¡Ya llevan nueve asaltos, señores! ¡Las señorita Marshall y García no se dsn por vencidas! ¡Si en este asalto no se proclama una de ellas campeona del campeonato se realizarán cinco asaltos más!- dijo el comentarista. 
-Siempre y cuando una de ellas no pueda levantarse del suelo, amigo- añadió su ayudante. 

Hubo un descanso de pocos segundos en el que el entrenador de Hope le dio unos consejos. Ella no hacía caso a su entrenador. Solo observaba a Louis que la miraba como antes: tranquilo. 
-¿Me has entendido?- gritó el entrenador. 
-Sí. 

La campana sonó. Era el momento. 

Fue rápido. Hope no supo cómo lo hizo. No supo cómo ocurrió. Solo había visto que, tras juntarse con García en el centro de la tarima, el puño había ido a su estómago, o quizá un poco más arriba. Quizá tenía una costilla rota. La gente empezó a gritar entusiasmada. García había caído al suelo. El árbitro se acercó al centro del ring, junto a García.
-¡Siete, ocho, nueve...!- decía mientras daba golpes en el suelo- ¡... Y diez!
-¡Hope Marshall se proclama campeona del Guante de Oro!- gritó el periodista. 

Hope gritó, saltó y volvió a gritar. ¡Había ganado!

Saltó las gomas del ring y brincó hasta el suelo para luego subir los bancos que la habían rodeado durante todo el combate. Y se paró a dos metros de Louis.
-¡He ganado! ¡He ganado! 
-¡Lo he visto, Hope! ¡Lo he visto! 
-¡He ganado! 
-¡Me siento orgulloso de ti! 
-¡He ganado!- gritó justo antes de saltar hasta Louis y, delante de toda esa gente, delante de su hermana, de su madre y de su padre, le besó. 

-Siento de verdad lo que ha ocurrido-dijo Liam mientras le tendía a la madre de Laura una servilleta de la cafetería para que pudiera limpiarse de la cara el maquillaje corrido.
-No te preocupes- dijo el hombre-. Ya la avisé de que esto podía ocurrir. 
-Es verdad- dijo la mujer-, pero me había ilusionado con verla. ¿Sabes lo que es estar buscando a tu hija durante catorce años y que, cuando la encuentras, no quiera conocerte? 
-Laura es muy testaruda. Seguro que en unos días ha cambiado de opinión y... 
-No hace falta que me mientas, Liam- dijo la madre-. Una siempre sabe cuando hay que retirarse. 
-Lo siento mucho, cariño- dijo el hombre, que se llamaba Karl.
-No pasa nada. Ya se me pasará.

Liam se sentía incómodo. Había organizado esta reunión pensando que una familia se reencontraría tras tantos años. Sin embargo, había hecho saber a una mujer que su hija la odiaba con todas sus fuerzas. 
-Puedes irte, Liam- dijo el hombre-. Tendrás que ir a buscar a Laura. 
-Laura necesita estar sola en este momento. Lo que me importa ahora es hacerles sentir bien. ¿Quieren unos chocolates calientes? Invito yo. 
-No te molestes. 
-No se preocupen. Ahora mismo vuelvo. 

Liam se levantó de la mesa y fue a la barra de la cafetería para esperar a que la camarera le atendiese. La cafetería se había llenado de algunos ancianos, parejas y de padres con niños que, tras cenas, solo querían celebrar la Navidad en las calles de la ciudad, observando las luces y los decorados que habían puesto en las calles y en los escaparates. Quizás algunos fueran a ver el cambio de guardia que el Palacio organizaba por estas fechas.
-Tres chocolates calientes, por favor- dijo él cuando la camarera, vestids con un uniforme que consistía en una camiseta y en una falda de color verde y rojo, se acercaba a él-. Con dos churros cada uno. 
-En un par de minutos estarán. 
-Muchas gracias. 

Miró la hora. Eran las once de la noche. Lo más probable era que Laura se hubiese ido a su casa de contarles a sus padres y a su abuela lo que había ocurrido. Quizá se hubiese enfurecido cuando supiese que sus familiares sabían el plan. 

Una corriente de aire frío llegó al cuello del obrero y de la impresión, Liam tuvo un escalofrío que le recorrió toda la espalda. Luego giró la cabeza para llamar la atención al niño que se hubiese dejado la puerta abierta. No era un niño. Laura estaba justo ahí, sujetando el cristal de la puerta con su mano- roja por el frío-. Buscaba algo con la mirada. Liam pensaba que le buscaba a él. Su casa esaba muy lejos y hubiese tardado mucho en llegar. Además, estaba lloviendo. Estaría ansiosa de llegar a su casa y meterse en la cama. Pero la mirada de Laura se detuvo en la mesa de su madre. 
-Feliz Navidad- dijo la camarera sacándole de su mente mientras dejaba los chocolates en la encimera.

Y fue como si el tiempo se hubiese detenido, como si en la cafetería solo estuviesem ellas dos. Laura miraba a su madre, y la madre miró a la puerta encontrandola. La señora se levantó lentamente, con miedo de que fuese una ilusión, de que fuese un fantasma que se fuese a esfumar si hacía unmovimiento brusco.

Laura empezó a caminar con una sonrisa en la boca, y, cuando la faltaban dos metros para llegar a la mesa preguntó algo.
-¿Te importa que a uno de mis padres le llame "mamá" o tengo que reservarmelo para ti?

La mujer, con una voz temblorosa, susurró.
-Si quieres, puedes llamarme a mí de otra forma. Puedes llamarme "mami" o "madre" o...
-Sh, ya pensaremos en eso. 

Y la señora, que había comenzado a llorar de nuevo -esta vez de felicidad-, se acercó a su hija y la abrazó. Laura la abrazó también. 

Lucía empezó a creer que estaba loca. Creía oír su voz mientras que toda su familia hacía bromas tras la cena de Nochebuena. Vio a sus hermanos. Paula leía a su hermano pequeño un cuento. 

Veía a la gente muy feliz mientras que ella fingía una sonrisa, esa sonrisa que llevaba en presencia de sus padres desde el día en que Zayn la había dejado tras acostarse. 

Una carcajada hizo que Lucía mirase a sus tios, quienes estaban cogidos de las manos.

Pidió disculpas y se levantó para ir al baño. Fue casi flotando, como si fuese un fantasma que quisiese librarse de la maldición de ver a los demás felices. Cerró con pestillo y se sentó en el suello. En ese mismo instante, empezó a llorar sin poder seguir mas aguantando esta falsedad. La sonrisa falsa que llevaba puesta desde hacía dias. No podia más. Le echaba de menos. 

"Estupida" pensó mientras se abrazaba las piernas por el frío.

Paula la echó en falta en la sala y interrumpió su lectura. 
-Paula, sigue. Estamos llegando al final. 

Dijo a su hermano que en unos minutos continuaria con la lectura. Este al principio puso mala cara pero finalmente se levantó de las piernas de su hermana dejando que esta se levantara. Salió de la sala y buscó a su hermana por toda la casa. Habitación por habitación hasta que se topó con la puerta del baño. Intentó abrirla pero se encontró con que estaba cerrada. Llamó dos veces y pidió entrar. Negativa. Insistió y finalmente se oyó un "click" y entró.

Su hermana mayor estaba en el suelo de baldosas sentada, con el poco maquillaje que se había puesto emborronado y con la nariz roja. 
-Tengo que decirte una cosa- susurró mientras se sentaba junto a ella, con cuidado de que no se le arrugase el vestido-. Sé por qué te dejó Zayn.
-Yo también lo sé.
-No, no es porque solo quisiese sexo. 
-Él me dijo que sí. 
-Mintió. En realidad estaba preocupado por ti. Tenía miedo de que no pudieses compaginar los estudios con él. Oyó una vez que mamá te decía que él haría que sacases malas notas.

Paula, que no sabía que más decir -sería mucho mejor así ya que su hermana estaría pensando en la nueva información que había recibido-, se levantó y salió del baño para poder continuar con el cuento que le estaba contando a Gonzalo. pero cuando llegó al salón,el niño estaba dormido en el sofá. Ya le contaría al día siguiente el final del cuento.

Subió a su cuarto y se miró al espejo. Pensó que tendría que cambiarse pero el vestido de color azul estaba en perfectas condiciones y el maquillaje estaba perfecto así que cogió dinero, llamó a un taxi y, cuando este llegó a su casa, guió al conductor hasta el local. Paula vio a la gente que hacía cola. Tendría suerte si la dejaban pasar. Seguramente, al haber tanta clientela, cortarían por lo sano y no dejarían pasar a menores. Si se hubiese llevado a su hermana seguro que podría colarse de alguna forma pero no podría. Así que se puso en la cola y esperaría a que sus sospechas no fuesen reales. 
-Hola- susurró alguien a su derecha. 

Allí estaba Harry, con una americana de color azul, una camiseta blanca y unos vaqueros desgastados que acompañaban a unos zapatos viejos pero elegantes. 
-¿Qué haces aquí?- preguntó Paula intentando no sonreir tan ampliamente como lo hacía Harry.
-Oh, solo pasaba por aquí. Estaba buscando algún lugar donde la fiesta fuese buena y donde hubiese buena compañía.

Paula borró la sonrisa. Por un instante había pensado que Harry había ido por ella. 
-Creo que me voy a quedar aquí. No sé si la fiesta es buena pero por lo menos tendré buena compañía.
-¿Cómo lo sabes?
-Estás aquí, ¿no? 

Paula se sonrojó y volvió a permitirse sonreír hasta que llegaron a la puerta.
-¿Eres mayor de edad?- preguntó el portero.
-Sí.
-Carnet, por favor.
-No he traido la cartera...
-Viene conmigo- dijo Harry.
-Lo siento. Los menores no pueden pasar. Siguiente- dijo apartando a los chicos de la cola.

Paula bufó y luego se sentó en una de las escaleras de la entrada con cuidado de no salir de debajo del tendido que había para no mojarse con la lluvia.
-Que pena- dijo el de rizos-. Si quieres podemos buscar otra sitio.
-No hace falta. Creo que me iré a casa. Todos los locales estarán haciendo lo mismo.

Paula se levantó del escalón y cogió el móvil para llamar de nuevo a un taxi que le llevase a casa. 
-Paula, me gustas mucho- susurró Harry. 

Ambos corazones empezaron a latir deprisa. Uno por las palabras que había dicho. Otro por las palabras que había escuchado. Y las cabezas de ambis sequedaron  en blanco. No necesitaban más.

Paula colgó el teléfono y se giró.
-¿Qué?
-Me gustas.
-¿Desde cuándo? 
-No lo sé. Creo que desde el momento en el que te vi por primera vez.

A ella le costaba respirar. Se había hecho ilusiones con ese momento desde hacía unos meses. Y, justo cuando piensa que todo va a cambiar, cuando piensa que todo va a acabar, lo que acaba es su sufrimiento. Y todo eso hace que todo cambie para mejor. 
-Pensé que...
-Fui idiota. Un completo idiota. No sabía qué hacer. Nunca me había sentido así. Nunca había experimentado algo parecido.
-Harry...
-No, dejame hablar. Siento haberme comportado como un estúpido. Siempre me metía contigo, intentaba hacerte pasar malos ratos, intentaba molestarte, ignorarte... Y sé que no me merezco tu perdón. Así que, por favor, enviame a la mierda, pegame y sacame de tu vida. Me lo merezco.
-Tú también me gustas, Harry. 

El chico miró a la hermana Smith y sonrió.
-No lo sabía.
-Las tias somos así. Nos lo callamos todo.
-¿Me odias?
-Estamos aquí, en la puerta de una discoteca en la que no me dejan entrar. Y en vez de entrar o de irte a otra discoteca te quedas aquí, conmigo, la noche de Nochebuena, con este tiempo de perros. ¿Por qué tendría que odiarte? 

Harry volvió a sonreír y, por primera vez desde que se conocían, ambos sabían que lo que decían era verdad. No se estaban intentando hacer daño el uno al otro, no querían romper esa confianza que había en el ambiente. No les importaba la lluvia. Tampoco la gente. Lo único que les importaba era la llegada de un beso que estaba a punto de llegar, el primer beso que se darían sin que uno de los dos fuese borracho. 
-¿Ahora que hacemos?- preguntó Harry.
-No lo sé.
-Pensé que después de declararme me enviarías de vuelta por donde había venido.
-Yo no sabía que ibas a venir. 

La gente entraba en el local.
-¿Quieres que te invite a algo? ¿Un batido? 
-¿Va a haber algo abierto a esta hora? 
-No es muy tarde- dijo Harry mirando su reloj-. Y habrá alguna cafetería abierta lasveinticuatro horas.
-Está bien. Vamos.

Ambos se levantaron y Harry se quitó la americana para ponerla por encima de la cabeza de Paula. Se agachó para ajustarsela mejor. Y se acercó a ella. Y el beso llegó.
-¿Lista para salir a la lluvia?- preguntó Harry tras apartarse y Paula asintió a la pregunta-. Pues vamos. 

Ana encendió su ordenador cuando llegó a su móvil un mensaje de Niall. 

"Ya estoy libre."

Cuando Ana entró en su cuenta de Skype, recibió una videollamada de su novio que aceptó. 
-Feliz Navidad, cariño- dijo Niall con una sonrisa. 

Él estaba en si vieja habitación en Irlands, un cuarto con las paredes azules y con algunos cuadros de viejos coches que habría puesto cuando era pequeño y que por su ausencia no habría cambiado por posters de fútbol, o por fotos suyas.
-Feliz Navidad a ti también- dijo Ana mientras que saludaba a la cámara para que el rubio la viese desde su pantalla.
-Ya he visto que Hope ha ganado el torneo.
-Sí, la ha costado pero al final.
-También he visto su celebración con Louis. ¿Se han arreglado?
-Sí. Hemos cenado y se acaba de ir con él. 
-Ya era hora.
-La verdad es que sí- dijo Ana.

Se quedaron mirando durante unos segundos sin saber que decir hasta que se empezaron a reír. 
-¿Abrimos los regalos?- preguntó Niall.
-¡Sí!- exclamó ella con una palmada por la felicidad. 

Cada uni sacó una bolsa, una bolsa con el regalo que le había comprado la otra persona y que habían intercambiado. La de Ana es de color rosa y la de Niall era de color negro. 
-¿Los abrimos a la vez? 

Niall asintió.
-Una.
-Dos.
-¡Tres!- dijo ella feliz. 

Abrieron sus bolsas y sacaron sus regalos envueltos, quitaron el papel de regalo y descubrieron sus sorpresas. 
-¡Niall!- chilló Ana emocionada al ver un colgante de plata con forma de letra A-. ¡Es precioso! 
-¿Te gusta?
-¡Me encanta! 

Ana se puso su colgante y mostró su cuello a la cámara.
-¿Te gusta tu regalo? 

Niall miraba un reloj. Era un reloj de color azul marino, con la cúpula brillante y con las hebillas de color plata.
-¡Muchas gracias, amor! ¡Dios! ¡Te ha debido costar mucho!
-No te preocupes por eso. Es Navidad.

Niall se lo puso inmediatamente y, como había hecho su novia, lo enseñó a la cámara.
-¿Sabes, Ana? Eres increible. Y te quiero mucho.

Ella se sonrojó y se tapó la cara con sus manos. 
-Yo también te quiero. 

Lucía se vistió rapidamente con unos pantalones vaqueros y un jersey de lana de color azul. Preparó un bolso con todo lo que iba a necesitar para su reencuentro con Zayn: el móvil -para llamarle y que bajase de su piso-, la cartera -para pagar al taxi y un refresco para cuando estuviesen feente a frente para pedirle explicaciones- y el tabaco -ella fumaba mucho cuando estaba nerviosa-. 
-Mamá, me voy a ir a una fiesta- mintió frente a todos sus familiares.
-¿Vas a ir así a una fiesta?- preguntó su madre.
-Es una fiesta en casa de Laura. No creo que necesite un vestido. 
-Pasatelo bien- dijo el señor Smith. 

Lucía se despidió y luego salió a la puerta de su casa. 

Abrió el paraguas de lunares blancos sobre fondo negro que había cogido de su cuarto y se cubrió con él antes de abrir la puerta de la verja. Sacó un cigarro y lo encendió con mucho cuidado de que la ceniza no cayese en su jersey.

Ahora tocaría esperar al taxi al que acababa de llamar en su cuarto para que le llevase al barrio de su ex novio. 

Giró la cabeza para poder observar la calle. Las luces de las casas estaban encendidas por las celebraciones y, de algunas de las residencias, se podía escuchar música y algunas risas. Incluso había alguna televisión con un volumen excesivamente alto ya que se podían escuchar las conversaciones de los presentadores de televisión. Se detuvo a ver los coches pero se detuvo en un coche viejo. Era un coche familiar. Junto a él había sentada una persona en la acera. Se levantó.
-Pensé que nunca saldrías de casa. 

A Lucía le costó respirar al reconocer la voz. No le había visto la cara aún y ya sabía que era él. Esa cazadora de cuero negro que más de una vez se había puesto cuando tenía frío. 
-Hola- susurró él bajo la lluvia-. He estado llamándote. Pensé que no saldrías nunca.
-No tenía planeado salir- susurró ella en un hilo de voz-. Pensaba quedarme en casa.

El silencio que se formó fue muy incómodo. Se seguía oyendo a las televisiones de los vecinos.
-¿Y a dónde ibas? Te... Te puedo acercar. 
-No hace falta.

Las emociones de Lucía se podían resumir en ira, amargura y en una felicidad triste -o una tristeza feliz. Ahora sabía toda la verdad, y eso la alegraba y la entristecía a la vez-. 
-No vas con vestido. ¿No vas a ninguna fiesta?

La lluvia seguía cayendo sobre Zayn mientras que la muchacha estaba totalmente seca.
-Les he dicho a mis padres que tenía una fiesta en casa de Laura.
-Pero Liam no ha dicho que Laura... Ah, entiendo- dijo Zayn bajando la vista al suelo, abatido, haciendo circulos con la punta de uno de sus zapatos en uno de los charcos que había formado la intensa lluvia-. Has quedado. Has quedado con otra perso... ¡Ay!

Lucía había soltado el paraguas y todo lo que tenía entre las manos para acortar la distancia con el moreno y para empezar a golpearle en el pecho con toda su fuerza. 
-¡Iba a ir a verte, capullo! ¡Me lo ha dicho Paula! ¡Me lo ha dicho Paula! ¡Así que todo esto ha sido por mis notas! ¡Capullo asqueroso! ¡Sé la verdad!
-¡Lucía! ¡Lucía! ¡Para! 
-¡Maldito cerdo! ¡Me has hecho pasar las peores semanas de mi vida! ¡Iba a ir a tu piso a verte y a hablar contigo! ¡¿Cómo te atreves a insinuar que he quedado con otro chico?! ¡Capullo asqueroso! 
-¡Para, Lucía! ¡Me estás haciendo daño!- decía él intentando esquivar los golpes de la chica. Golpeaba muy fuerte. 
-¡Y más daño te voy a hacer como no empieces a disculparte por todo lo que me has hecho pasar! ¡Capullo! ¡Gilipollas!
-¡No quería hacerte ningún mal!- dijo él cuando, por fín, agarró las muñecas de Lucía para que no le diese más golpes.
-¡Has hecho todo lo contrario!
-¿Crees que yo no le pasado mal? ¿Crees que yo no me arrepiento? ¡Empecé a arrepentirme justo antes de dejarte! ¡Desde antes de romper ya me dolía!
-¿Y por qué coño lo hiciste, Zayn?- chilló Lucía-. ¿Por qué fuiste tan cabrón?
-¡Porque estoy enamorado de ti!

Y todo quedó en silencio. No se escuchaban las televisiones, ni las risas. Y Lucía sintió que estaba sola en el mundo. Junto a él. Él estaba a su lado. De nuevo. Como lo había deseado tantas veces en las últimas semanas. 
-Y yo de ti.

Y Zayn no tardó en besarla. Llevaba tanto tiempo esperando este momento. Estaba esperando el reencuentro. Porque eso significaba el amor, no olvidar a la persona a la que se ama, intentar conseguir lo mejor para ella, aunque a veces fuese doloroso, aunque a veces se tenga que hacer algo loco. Como dejarla. Como dejarla ir. Pero Zayn no iba a dejarla ir. Porque estaban locos, locos el uno por el otro. Y es que el amor no es perfecto. La perfección es aburrida. 

domingo, 21 de septiembre de 2014

57.

La casa olía a café. La familia Cowell había invitado a Liam a pasar el día de Nochebuena junto a ellos y eso hacía que Laura estuviese feliz. Habían desenvuelto los regalos hacía un rato y Laura mostraba orgullosa a su abuela la pulsera que le había regalado su novio. Era una pulsera de plata que mosntraba su nombre junto al de Liam. Por el otro lado de la chapa que colgaba de la pulsera estaba grabada la fecha en la que habían empezado a salir. La abuela de Laura la sonreía junto a Ted, que parecía orgulloso de que su hija hubiese encontrado a alguien perfecto para ella:  un hombre que la trataba bien, que la respetaba y que la amaba. Puede que todos los padres deseasen para su hija un estudiante de medicina pero, Liam, era mucho mejor que eso. 
-Tenemos que irnos- susurró Liam tras tomar el postre, una porción de tarta Charlota que la abuela de Laura había preparado para esa ocasión tan especial. 
-¿Ahora? 
-Quiero presentarte a alguien. 

De pronto, la tensión se hizo notable en la sala pero parecía que la muchacha no la notaba. 

Ambos se fueron, no sin antes haberse despedido, al coche de Liam. 
-Antes que nada, no quiero que te enfades conmigo. Creo que va a ser bueno para ti.
-Pero, ¿a quen vamos a ver? 
-Ya lo verás- dijo Liam nervioso. 

Al rato, estaban andando por una calle poco transitada debido a las fechas pero, allí, al fondo, había una cafetería iluminada en la que, en una de sus mesas, un par de personas parecían nerviosas. 

Liam permitió la entrada a su novia y observó a la pareja. El hombre tenía el pelo negro y corto. Vestía una camisa lisa de color azul claro y una corbata de un azul más oscuro. La mujer, rubia y con las manos temblorosas -como el resto del cuerpo-, vestía una blusa de color amarillo pálido. Se había maquillado de una forma poco llamativa. Ambos querían causar una buena impresión en la oportunidad que Liam les estaba cediendo. 
-¿Qué hacemos aquí?- preguntó Laura con una gran sonrisa. 
-Quiero que hables un rato con unas personas. 
-¿Quienes? 
-Si en cualquier momento te sientes incómoda, me tendrás a tu lado. 
-Liam, ¿por qué me has traido aquí? 

El chico miró a la pareja y Laura les miró también. 
-¿Ves a esa pareja? - Laura asintió con la cabeza-. El hombre trabaja en unas oficinas. Trabaja mucho tiempo pero parece feliz' feliz de estar aquí, feliz de poder haberse escabullido de su trabajo, quizá bajo una amenaza de despido, para acompañar a su mujer en este momento tan importante. La mujer, ahora, trabaja en una cafetería. También trabaja mucho pero parece emocionada.
-La Navidad trae la felicidad.
-¿Sabes que da más felicidad? El hecho de saber que, tras más de década y media, vas a poder encontrarte con alguien que, sin haberte visto  tras tanto tiempo, te ama. 
-¿Sin ver a quien? ¿Quien te puede traer tanta felicidad sin haberla visto en tanto tiempo? 
-Alguien que, por tu propio bien, te tuvo que dar en adopción. 

Laura miró a Liam y su cara se arrugó. Luego comprendió.
-No quiero conocer a mi madre.
-Laura... 
-No quiero verla. 
-Escuchame, cielo. Ella... 
-Soy una hija de puta. Y no en el sentido ofensivo. Era una puta. Y me dio en adopción. 
-Laura, ya no trabaja en... 
-Estoy convencida de que me dio en adopción porque tenía poco dinero. Y solo quería gastarselo en droga. 
-Laura, escuchame. 

Pero Laura, tras haber dicho lo que quería decir, se marchó de la cafetería limpiándose las lágrimas que empezaban a asomarse por sus ojos. La mujer de la mesa se levantó ñara seguirla pero el hombre que la acompañaba la agarró de la mano y la obligó a quedarse allí. Entonces Liam vió como ella también empezaba a llorar en el hombro de su marido. Su oportunidad se había estumado. 

La final del Guante del Oro se estaba celebrando en Doncaster. La familia Marshall se había quejado del horario ya que pillaba justo a la hora dela cena pero el entrenador de Hoñe dijo que no se podía hacer nada. La organización lo había decidido así para que el combate fuese visto por una gran cantidad de gente mientras que cenaba. Tom Marshall dijo que la gente a esa hora estaría más pendiente del pavo que de la televisión. 

Hope estaba en su pequeño canerino -un vestuario que tenía una ducha para después del combate- poniéndose los guantes. El entenador le había conseguido un uniforme nuevo para este evento tan importante y es que Hope no solo estaba en la final sino que se iba a enfrentar a Anne García, la tricampeona del torneo. Su nueva vestimenta se basaba en un top de color verde junto a unos pantalones anchos de color negro. En el top ponía "Esperanza", que era el significado de su nombre en español, que era el segundo idioma de su rival. "Será una buena forma de sacarla de sus casillas." había dicho su entrenador. Pero Hope no pensaba en eso sino en qué había hecho. ¿Había dejado la universidad por un simple torneo de boxeo? ¿En qué estaba pensando? ¿A qué se iba a dedicar tras esta noche, cuando no hubiese más torneo, cuando no hubiese más entrenamiento? ¿Iba a pasar su tiempo muerto en hacer algo que la sientiese, eso, muerta? Que paradoja más cruel. Pero lo que más le jodía a Hope era Louis. ¿Le había dejado demasiado claro que no le gustaba? ¿Se habría cansado de ella justo cuando ella se daba cuenta de que era un amor correspondido? 
-¿Qué he hecho? 

Unos pasos la sacaron de su me te y su entrenador entró en el cuarto. 
-Empezamos ya. 

Hope se mordió el labio y luego se levantó. Se puso una especie de bata de color verde -en ella también estaba escrito "Esperanza" haciendo que la provocación fuese mayor- y salió al pasillo.

Era un pasillo largo, oscuro y frío en que el, al final, se veían muchas luces de colores y se oían bocinas y gritos. Había un comentador que hacía que la gente se emocionase más. 
-¡Y aquí llega Hope Marshall, la valiente que se va a enfrentar esta noche a García! ¡Recibamosla con un fuerte grito de ánimo! 

Y Hope entró en la gran sala. En el centro estaba el ring. Cuando estuvo en él, justo enfrente de su contrincante, se quitó la bata y se la tiró a su entrenador. Luego se sentó en el taburte y, mientras escuchaba ló que tenía que hacer para dejar KO a la chica, empezó a mirar a la gente. A su derecha estaba su familia. Se sorprendió al ver a su madre con la cara pintada con ceras y a su hermana gritando eufórica mientras que su padre la miraba con una sonrisa en la cara. Le pareció leer de sus labios un "machácala". Pero, lo que más calma le produjo fue encintrarse con un azul intenso entre la gente. Hope sonrió cuando vió de quienes eran esos ojos. 

Harry pasaba la noche en su casa con una de sus más fieles amigas: la cerveza. En lo que llevaba sentado en el sofá viendo los típicos programas navideños, se había bebido cerca de cinco latas de cerveza para poder olvidarse de su vida un rato. 

De vez en cuando su móvil sonaba dando a entender que le había llegado algún mensaje. A partir del cuarto mensaje, el de rizos había dejado de leer los mensajes de su madre en los que le preguntaba si no le apetecía acercarse a su casa y celebrar la Navidad junto a su familia. Pero Harry ya le había dicho una vez que su jefe les dejaba apenda un par de días de vacaciones y que no merecía la pena el viaje. Se había cansado de mentir a su madre. 

Mientras que hacía zapping en la televisión se encontró con el combate de Hope. Lo quitó inmediatamente. No le apetecía saber que su amigo, el cual estaba enamorado de la boxeadora, tenía más posibilidades de tener un final feliz que él con Paula.
-Vamos, Harry, necesitas cenar algo- se dijo a sí mismo antes de levantarse del sofá e ir a la cocina a inspeccionar la nevera. 

No había nada que le llamase la atención así que sacó su móvil, ignoró los mensaje y buscó un telefono en la agenda. El Pizza Hut siempre era su último recurso. Pero parecía que estaba cerrado. Llamó otra vez. Nadie contestó. "Los pizzeros tienen derecho a vacaciones." pensó antes de dar por perdida la batalla. 

Se volvió a sentar en el sofá y dejó un canal de noticias. 

Otro mensaje. 

Lo ignoró. 

Siguió viéndo la tele pero tras pasar diez minutos su teléfomo empezó a sonar. No tenía excusa. Tenía que cogerlo y -por lo menos- desear unas felices navidades a su madre. Pero cuando vió el nombre de Paula en la pantalla se quedó petrificado. Estuvo observándolo durante unos segundos hasta que Paula pareció cansarse de la espera y colgó. Los mensajes eran suyos. 
"¿Qué quieres? Me has llamado dos veces."

"Harry, contesta."

"Eo."

Se dispuso a contestarla cuando se dió cuenta de que no había llamado a la pizzería -sabía que la pizza nunca le abandonaría-, sino a Paula. 
"Solo quería desearte una Feliz Navidad. ¿Vas a salir luego?" 

No sabía por qué lo preguntó.  
"Sí. Voy a intentar llevarme a mi hermana a un local que está cerca del London Eye." 

Y no necesitó nada más. Se levantó y fue directo a la ducha. 

Zayn ayudaba con su madre en su piso. El pollo ya estaba servido en todos los platos de sus hermanas y en el de sus padres. Él no tenía hambre. Hacía mucho tiempo aue su estómago se había sellado. 
-¿No cenas, hijo?- preguntó su padre. 
-Estoy con el estómago revulti desde hace unos días. Intento comer algo ligero. 
-El pollo es una comida ligera. 
-Me refiero a purés.
-¿Te preparo un puré, Zayn?- preguntó su madre preocupada de que su hijo no pudiera disfrutar de una cena decente.
-No hace falta, mamá.

Cuando estuvieron todos sentados, el padre enunció una breve oración  que, en su cierre, se llenó de sonidos de platos y de cubiertos. 

La madre de Zayn le ofrecía comida cada poco tiempo para intentar que su hijo mo se acostase con el estómago vacio pero, cuando este rechazó unas rodajas de berenjena, su padre puso mala cara.
-Cariño, ¿te acuerdas de aquella vez que te enfadaste tanto conmigo?- preguntó el hombre. 
-¿Cuál de todas? 

Las hermanas de Zayn empezaron a reírse.
-Cuando me olvidé de nuestro aniversario.
-Ah, sí.

Algo sorprendente pasó en la mesa. La sonrisa de la señora Malik se hizo presente. 
-¿Te acuerdas de todo lo que me dijiste? 
-Te insulté muchísimo. 
-Me llegaste a llamar idiota mal parido. 
-Me dijiste que no te parecía importante nuestro aniversario. Me dolió muchísimo.

A pesar de las palabras de la señora, su sonrisa no desapareció. Algo escondía. 
-¿Te acuerdas por qué fue? 
-Sí. Tenías preparada una sorpresa.
-Te pedí matrimonio. 

Y Zayn vió los ojos de su padre. No miraban a su mujer. Le miraban a él, como si quisiera que pillase lo que realmente quería decir con esa historia. Quizá fuese algo como "A veces hacemos algo cruel a otra persona porque la amamos demasiado." o "La intención es lo que cuenta.". Pero no dijo nada. No hizo nada. No se movió. 
-Zayn...

 El moreno miró a su padre. 
-Coge el coche y ve a por ella. 

El obrero miró a su padre sorprendido. Pero, sin haberlo meditado siquiera, se levantó, cogió las llaves del coche y salió del piso. Iría a por ella. 

jueves, 7 de agosto de 2014

56.

Era un día lluvioso. No era normal que lloviese a tres días de Nochebuena. Siempre nevaba por estas fechas haciendo que muchas parejas fuesen a los parques a tirarse bolas de nieve o a dar paseos por las calles nevadas. Pero era una tarde en la que Niall y Ana compartían un paraguas. De vez en cuando Niall apartaba el paraguas para dejar que la lluvia mojase a su novia y que así esta pegase un chillido y saltase de nuevo a cubierto. A veces Ana le golpeaba para mostrarse enfadada pero Niall nunca la creía y la besaba de forma dulce.
-¿Quieres vayamos a tomar algo?- preguntó el irlandes con una sonrisa en la boca.
-Si eso significa no mojarme más...

Llegaron hasta una cafeteria donde ambos se sentaron. Niall parecía feliz al ver que su chica entraba en calor.
-¿Cuándo te vas?- preguntó ella tras pedir lo que quería beber.
-Mañana sale mi avión a la hora de comer.
-Es una pena que no podamos pasar estos días juntos.
-Lo sé... Pero mi madre me cortaría el cuello si no paso la Navidad con ellos.
-Me imagino- dijo Ana intentando reprimir una risa.

Niall sonrió mientras que sacaba algo de su bolsillo.
-Tengo una cosa para ti- dijo.

Ana miró con curiosidad la pequeña bolsa que estaba sobre la mesa. Era de color rosa.
-Es tu regalo de Navidad.
-¡Pero tadavía no...!
-Se que no lo es. Pero como no vamos a poder estar juntos creo que es conveniente dartelo ahora.

Ana sonrió. Por una vez había tenido suerte. Había decidido comprar el regalo de Niall justo antes de encontrarse con él. Sacó de su bolso otra bolsa -esta de color negro- y lo puso también sobre la mesa.
-¿Y eso?
-Tu regalo de Navidad.

Ambos sonrieron y se intercambiaron regalos. A Ana aún le parecía mal que fueran a abrir los regalos en ese momento así que, justo antes de que Niall viese el contenido de su bolsa, habló.
-Tengo una idea. ¿Por qué no abrimos los regalos el día de Navidad?
-Quiero ver tu cara al ver tu regalo.
-Y yo la tuya. Pero el día de Navidad podríamos hacer una videollamada.
-¿Quieres hacer eso?
-Si.

Niall sonrió de nuevo.
-Está bien- dijo mientras cerraba su bolsa negra.

Harry no se podía creer lo que estaba haciendo. Si le hubiesen dicho hacía cuatro meses que estaría a fuera de casa de los Smith decidiendo si llamar a la puerta o no habría dicho que eso era una gran locura. Pero ahí estaba autoconvenciéndose de llamar al telefonillo. ¿Qué se lo impedía? ¿Que le echaba para atrás? Se llevó las manos a la cabeza y finalmente llamó. Luego se arrepintió. ¡No! ¡Ahora sería un desgraciado! No debió de haber hecho caso a Louis. ¿Ir a casa de Paula y llevarla a dar una vuelta? ¡Le diría que no!
-¿Sí?- preguntó una voz por el telefonillo.

Harry se mordió el labio.
-¿Si?
-Soy Harry.

Tras unos segundos de silencio, la puerta se abrió dejando que el de rizos pudiese entrar en la parcela. Subió las escaleras de la entrada y se encontró con la otra puerta. La abrió Lucía.
-Hola- dijo el chico.
-Hey...

Lucía no miraba a Harry sino a la puerta. Lo único que esperaba es que Zayn estuviera ahí y que le dijera que todo había sido una broma. Ahora que las vacaciones habían empezado, Paula, Ana y Laura hacían planes mientras que ella se quedaba amargada en casa por culpa del moreno. 
-¿Está Paula?
-Sí- contestó Lucía-. ¿Quieres que la llame?

Ese era el momento en el que Harry podría negarse. Podría decir a Lucía que en realidad estaba allí para ver si las cosas seguían como debían de estar.
-Sí, por favor.

Lucía sonrió antes de meterse en la casa. A los pocos segundo, Paula estaba en la puerta mirando al obrero. Y él no respiró. Soltó las palabras que había estado ensayando durante todo el trayecto en coche. 
-¿Quieres que salgamos a tomar algo a solas?

Paula se quedó un poco a cuadros, tanto que casi se tuvo que agarrar a la puerta para no caerse de culo contra el suelo. 
-Vale.

Ambos sonrieron. Y sin decir nada, ella cogió su abrigo y se lo puso. Lucía, que había escuchado todo, la hizo un gesto deseándole suerte.

Zayn puso las bolsas de la compra sobre la encimera de la cocina. Había ido a comprar todo para la cena de Nochebuena y la comida de Navidad. Su familia había ido a la zona en la que Zayn vivía. Se quedarían en un hotel ya que el apartamento del moreno era muy pequeño pero comían todos juntos allí.

A veces las comidas eran una tortura para el moreno porque sus hermanas no paraban de preguntar sobre Lucía. Les había hablado poco de ella pero no paraban de intentar averiguar cosas de ella. Ni diciendo que habían cortado las frenaba. A veces su padre le preguntaba el por qué de la ruptura pero su madre siempre intentaba cambiar de tema. Zayn, a veces, sacaba su cartera y miraba una foto que tenía con Lucía. A veces se imaginaba cómo hubiera sido pasar la Navidad con ella. Y su imaginación le traicionaba porque todo se veía tan perfecto... Se la imaginaba a ella abriendo un regalo y la cara que pondría al ver que Zayn había comprado justo lo que ella quería.
-Zayn, ¿está todo bien?

Zayn se asustó al escuchar a su madre a sus espaldas. No había escuchado que había entrado en el apartamento con la copia de las llaves que la había dado.
-Perfecto- mintió.
-¿Seguro?

Zayn tragó saliva antes de responder con otra mentira pero se dio cuenta de que no podía hablar. Había un nudo en su garganta que se lo impedía.
-Escuchame, Zayn, ¿por qué no te vas a dormir un poco?- preguntó su madre mientras posaba su mano sobre la espalda de su hijo.
-Me parece una buena idea.
-Entonces ve a la cama. Yo me encargo de la cena de hoy.

El chico salió de la cocina y se fue a su cuarto esperando que allí sus demonios se esfumasen. Pero no fue así. Se imaginó a Lucía en su cama, dormida. Solo había pasado allí una noche pero Zayn se grabó en la mente la cara de la chica mientras dormía.

lunes, 4 de agosto de 2014

55.

Liam y Laura miraban en algunos escaparates. La Navidad había llegado y Liam quería hacer algunas compras.
-No hace falta que les compres nada a mis padres- dijo Laura ientras sonreía y agaraba con fuerza la mano de su novio.
-Si hace falta. Después de la cena que tuvimos quiero arreglarlo.
-No hubo ningún problema en esa cena.
-¿No viste la cara que puse cuando me enteré de que eran pareja? ¡Necesito comprar algo y demostrarles que no soy homofóbico!
-Saben que no lo eres. Les expliqué lo ocurrido. Y se rieron. ¡Les pareció divertido!

Liam arrastró a otro escaparate a su novia para ver unas camisas lisas que llevaban puestas unos maniquíes. El obrero no tenía mucho dinero para poder comprar algo lujoso pero se podría permitir un par de camisas para sus suegros.
-¿Que tallas usan tus padres?
-No te voy a dejar comprar nada.
-Si no me dices las tallas me veré obligado a comprar unas botellas de vino.

Laura se rió de la cara que puso su chico frente al cristal.

Hacía frío y eso hizo que la chica temblase. Liam se dio cuenta y la paso su brazo por la espalda para abrazarla y darla calor. Luego sacó su móvil y miró la hora.
-¿Qué te parece que nos tomemos un chocolate caliente?
-¡Genial!

Liam sonrió con ternura antes de abrir la puerta de una cafetería que estaba junto a ellos y dejarla pasar.
-Sientate aquí- dijo él mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba sobre un sofá-. Iré a pedir.

Laura sonrió mientras que vio como su novio se alejaba. Cogió una revista y se puso a leer. Liam se puso a la cola y cuando llegó su turno se encontró con una camarera de pelo rubio de mediana edad. Parecía un poco distraida ya que miraba por encima del hombro del muchacho.
-Quisiera pedir dos chocolates calientes con un par de bollos.
-Claro- dijo la camarera mientras que cogía sin mirar los vasos de plástico.

Liam no se enteraba de nada hasta que notó que las manos de la mujer temblaban.
-¿Se encuentra bien?

La mujer sonrió y por un momento miró al chico.
-Nada. ¿Su nombre?
-¿Qué?
-Para ponerlo en el vaso.
-Liam. En el otro ponga...
-Laura- susurró ella mostrando una sonrisa blanca mientras que miraba a la chica que seguía entretenida con la revista.
-¿Cómo sabe que...?

De pronto Liam se dió cuenta de que entre la mujer y su novia existía un gran parecido físico. Sus ojos, su color de piel... Incluso la misma sonrisa.

Lucía estudiaba Historia de Inglaterra desde hacía dos horas y ya le salía de las orejas todo lo relacionado con el origen de los anglicanos, la reina Isabel I y la Armada Invecible que resultó ser una catástrofe por parte de España cuando Paula entró en su cuarto.
-Mamá y papá se han ido ya.
-Ya he oído la puerta.
-Se han llevado a Gonzalo.
-Ya decía yo que había mucho silencio.

Paula sonrió por la gracia de su hermana mayor pero puso cara seria cuando se dio cuenta de que su hermana no se movía como pensaba que iba a hacer. Paula había planeado ir al salón a ver una película. Seguro que a Lucía le sentaba bien descansar.
-¿Por qué sigues estudiando? Ya has terminado los exámenes.
-Estoy avanzando para el segundo trimestre. ¿Tú no deberías estudiar también?
-Hoy he tenido mi último examen. Ya somos libres. ¿Vemos una peli?
-No me apetece.
-Venga... 

Lucía siguió negándose pero Paula no paraba de insistir. Si quería seguir estudiando tendría que pasar tiempo con su hermana. Y cuanto antes empezase mejor.
-¡Vale! ¡Pero callate ya!
-¡Toma!- chilló la hermana pequeña con una sonrisa en la boca.

Paula ya lo había preparado todo ya. Estaba la película empezando y del horno ya salía un olor a pizza.
-Solo estaré aquí un rato.
-¡Venga! ¡Es la película de "
La vida es bella"!
-Es mi favorita...
-¡Sé que es tu favorita!
-Vale. Ponla ya.

Paula saltó al sofá y cogió el mando para darle al play. 
-¿Cómo estás?- preguntó.
-¿Cómo quieres que esté? Pues bien.
-Me refiero a lo de Zayn...
-Ah.

Lucía se arropó con una manta mientras que cogía uno de los vasos que su hermana había puesto sobre la mesa y que contenian agua.
-Pues jodida.

Paula se mordió el labio mientras que se rascaba la cabeza. Desde que había hablado con Zayn hacía unos días tenía la necesidad de soltar toda la información que había recibido. "No quería entorpecerla con sus estudios." había dicho el moreno mientras que se bebía su whisky. "Su futuro es más importante que yo."
-Solo quería un polvo. Y cuando lo consiguió cortó la relación. 
-Yo...
-Siempre fue un putón. No sé como pude confiar en mí.

"Nunca he estado más agusto en una relación como con tu hermana." dijo también. 
-Lucía...
-No quiero hablar de eso, Paula. Solo quiero olvidarlo. Y espero que sea pronto.

"La quiero. La quiero como nunca he querido a ninguna chica antes."

Louis pasó a buscar a Hope a un par de manzanas de su casa para que su padre no pudiera descubrirles.
-Hola- dijo ella cuando entró en el coche.
-Hola- Louis sonrió.

El cielo estaba oscuro y amenazaba con una tormenta o una ventisca. Hacía tanto frío que Louis no se había molestado en quitarse el gorro de lana que traía cuando había montado en el coche.
-¿A dónde vamos?
-¿Que te parece una hamburguesa?
-¡Genial!- chilló Hope llena de felicidad.

Louis y Hope llevaban sin verse desde hacía una semana. Ella había estado en el norte del país para competir haciendola llegar hasta la semifinal en su competición. Y Louis no había dejado pasar ningún tipo de detalle que pudiese venir en los periódicos. Una vez se llevó un susto cuando en internet leyó que Hope había sido descalificada por tomar sustancias dopantes. Solo era una broma de un periódico.
-¿Qué tal los entrenamientos?
-Agotadores- dijo Hope mientras que se quitaba los guantes con dificultad. Tenía los dedos agarrotados por el frío-. Desde que hay rumores de que me dopo tengo que entrenar con vigilante delante. Y mi entrenador quiere que el vigilante vea que me esfuerzo mucho. Así que ultimamente entreno el doble.
-Debes de estar muy cansada. 
-Lo estoy.
-¿Cuándo es la final?
-El dia de Nochebuena. 
-Iré a verte.
-Primero tengo que llegar a la final.
-Vas a llegar y vas a ganarla.

Hope sonrió. Le encantaba que su amigo le dijese esas cosas. En su casa todos le decían lo mismo pero tenía la sensación de que lo decían por obligación.