-Tenemos que irnos- susurró Liam tras tomar el postre, una porción de tarta Charlota que la abuela de Laura había preparado para esa ocasión tan especial.
-¿Ahora?
-Quiero presentarte a alguien.
De pronto, la tensión se hizo notable en la sala pero parecía que la muchacha no la notaba.
Ambos se fueron, no sin antes haberse despedido, al coche de Liam.
-Antes que nada, no quiero que te enfades conmigo. Creo que va a ser bueno para ti.
-Pero, ¿a quen vamos a ver?
-Ya lo verás- dijo Liam nervioso.
Al rato, estaban andando por una calle poco transitada debido a las fechas pero, allí, al fondo, había una cafetería iluminada en la que, en una de sus mesas, un par de personas parecían nerviosas.
Liam permitió la entrada a su novia y observó a la pareja. El hombre tenía el pelo negro y corto. Vestía una camisa lisa de color azul claro y una corbata de un azul más oscuro. La mujer, rubia y con las manos temblorosas -como el resto del cuerpo-, vestía una blusa de color amarillo pálido. Se había maquillado de una forma poco llamativa. Ambos querían causar una buena impresión en la oportunidad que Liam les estaba cediendo.
-¿Qué hacemos aquí?- preguntó Laura con una gran sonrisa.
-Quiero que hables un rato con unas personas.
-¿Quienes?
-Si en cualquier momento te sientes incómoda, me tendrás a tu lado.
-Liam, ¿por qué me has traido aquí?
El chico miró a la pareja y Laura les miró también.
-¿Ves a esa pareja? - Laura asintió con la cabeza-. El hombre trabaja en unas oficinas. Trabaja mucho tiempo pero parece feliz' feliz de estar aquí, feliz de poder haberse escabullido de su trabajo, quizá bajo una amenaza de despido, para acompañar a su mujer en este momento tan importante. La mujer, ahora, trabaja en una cafetería. También trabaja mucho pero parece emocionada.
-La Navidad trae la felicidad.
-¿Sabes que da más felicidad? El hecho de saber que, tras más de década y media, vas a poder encontrarte con alguien que, sin haberte visto tras tanto tiempo, te ama.
-¿Sin ver a quien? ¿Quien te puede traer tanta felicidad sin haberla visto en tanto tiempo?
-Alguien que, por tu propio bien, te tuvo que dar en adopción.
Laura miró a Liam y su cara se arrugó. Luego comprendió.
-No quiero conocer a mi madre.
-Laura...
-No quiero verla.
-Escuchame, cielo. Ella...
-Soy una hija de puta. Y no en el sentido ofensivo. Era una puta. Y me dio en adopción.
-Laura, ya no trabaja en...
-Estoy convencida de que me dio en adopción porque tenía poco dinero. Y solo quería gastarselo en droga.
-Laura, escuchame.
Pero Laura, tras haber dicho lo que quería decir, se marchó de la cafetería limpiándose las lágrimas que empezaban a asomarse por sus ojos. La mujer de la mesa se levantó ñara seguirla pero el hombre que la acompañaba la agarró de la mano y la obligó a quedarse allí. Entonces Liam vió como ella también empezaba a llorar en el hombro de su marido. Su oportunidad se había estumado.
La final del Guante del Oro se estaba celebrando en Doncaster. La familia Marshall se había quejado del horario ya que pillaba justo a la hora dela cena pero el entrenador de Hoñe dijo que no se podía hacer nada. La organización lo había decidido así para que el combate fuese visto por una gran cantidad de gente mientras que cenaba. Tom Marshall dijo que la gente a esa hora estaría más pendiente del pavo que de la televisión.
Hope estaba en su pequeño canerino -un vestuario que tenía una ducha para después del combate- poniéndose los guantes. El entenador le había conseguido un uniforme nuevo para este evento tan importante y es que Hope no solo estaba en la final sino que se iba a enfrentar a Anne García, la tricampeona del torneo. Su nueva vestimenta se basaba en un top de color verde junto a unos pantalones anchos de color negro. En el top ponía "Esperanza", que era el significado de su nombre en español, que era el segundo idioma de su rival. "Será una buena forma de sacarla de sus casillas." había dicho su entrenador. Pero Hope no pensaba en eso sino en qué había hecho. ¿Había dejado la universidad por un simple torneo de boxeo? ¿En qué estaba pensando? ¿A qué se iba a dedicar tras esta noche, cuando no hubiese más torneo, cuando no hubiese más entrenamiento? ¿Iba a pasar su tiempo muerto en hacer algo que la sientiese, eso, muerta? Que paradoja más cruel. Pero lo que más le jodía a Hope era Louis. ¿Le había dejado demasiado claro que no le gustaba? ¿Se habría cansado de ella justo cuando ella se daba cuenta de que era un amor correspondido?
-¿Qué he hecho?
Unos pasos la sacaron de su me te y su entrenador entró en el cuarto.
-Empezamos ya.
Hope se mordió el labio y luego se levantó. Se puso una especie de bata de color verde -en ella también estaba escrito "Esperanza" haciendo que la provocación fuese mayor- y salió al pasillo.
Era un pasillo largo, oscuro y frío en que el, al final, se veían muchas luces de colores y se oían bocinas y gritos. Había un comentador que hacía que la gente se emocionase más.
-¡Y aquí llega Hope Marshall, la valiente que se va a enfrentar esta noche a García! ¡Recibamosla con un fuerte grito de ánimo!
Y Hope entró en la gran sala. En el centro estaba el ring. Cuando estuvo en él, justo enfrente de su contrincante, se quitó la bata y se la tiró a su entrenador. Luego se sentó en el taburte y, mientras escuchaba ló que tenía que hacer para dejar KO a la chica, empezó a mirar a la gente. A su derecha estaba su familia. Se sorprendió al ver a su madre con la cara pintada con ceras y a su hermana gritando eufórica mientras que su padre la miraba con una sonrisa en la cara. Le pareció leer de sus labios un "machácala". Pero, lo que más calma le produjo fue encintrarse con un azul intenso entre la gente. Hope sonrió cuando vió de quienes eran esos ojos.
Harry pasaba la noche en su casa con una de sus más fieles amigas: la cerveza. En lo que llevaba sentado en el sofá viendo los típicos programas navideños, se había bebido cerca de cinco latas de cerveza para poder olvidarse de su vida un rato.
De vez en cuando su móvil sonaba dando a entender que le había llegado algún mensaje. A partir del cuarto mensaje, el de rizos había dejado de leer los mensajes de su madre en los que le preguntaba si no le apetecía acercarse a su casa y celebrar la Navidad junto a su familia. Pero Harry ya le había dicho una vez que su jefe les dejaba apenda un par de días de vacaciones y que no merecía la pena el viaje. Se había cansado de mentir a su madre.
Mientras que hacía zapping en la televisión se encontró con el combate de Hope. Lo quitó inmediatamente. No le apetecía saber que su amigo, el cual estaba enamorado de la boxeadora, tenía más posibilidades de tener un final feliz que él con Paula.
-Vamos, Harry, necesitas cenar algo- se dijo a sí mismo antes de levantarse del sofá e ir a la cocina a inspeccionar la nevera.
No había nada que le llamase la atención así que sacó su móvil, ignoró los mensaje y buscó un telefono en la agenda. El Pizza Hut siempre era su último recurso. Pero parecía que estaba cerrado. Llamó otra vez. Nadie contestó. "Los pizzeros tienen derecho a vacaciones." pensó antes de dar por perdida la batalla.
Se volvió a sentar en el sofá y dejó un canal de noticias.
Otro mensaje.
Lo ignoró.
Siguió viéndo la tele pero tras pasar diez minutos su teléfomo empezó a sonar. No tenía excusa. Tenía que cogerlo y -por lo menos- desear unas felices navidades a su madre. Pero cuando vió el nombre de Paula en la pantalla se quedó petrificado. Estuvo observándolo durante unos segundos hasta que Paula pareció cansarse de la espera y colgó. Los mensajes eran suyos.
"¿Qué quieres? Me has llamado dos veces."
"Harry, contesta."
"Eo."
Se dispuso a contestarla cuando se dió cuenta de que no había llamado a la pizzería -sabía que la pizza nunca le abandonaría-, sino a Paula.
"Solo quería desearte una Feliz Navidad. ¿Vas a salir luego?"
No sabía por qué lo preguntó.
"Sí. Voy a intentar llevarme a mi hermana a un local que está cerca del London Eye."
Y no necesitó nada más. Se levantó y fue directo a la ducha.
Zayn ayudaba con su madre en su piso. El pollo ya estaba servido en todos los platos de sus hermanas y en el de sus padres. Él no tenía hambre. Hacía mucho tiempo aue su estómago se había sellado.
-¿No cenas, hijo?- preguntó su padre.
-Estoy con el estómago revulti desde hace unos días. Intento comer algo ligero.
-El pollo es una comida ligera.
-Me refiero a purés.
-¿Te preparo un puré, Zayn?- preguntó su madre preocupada de que su hijo no pudiera disfrutar de una cena decente.
-No hace falta, mamá.
Cuando estuvieron todos sentados, el padre enunció una breve oración que, en su cierre, se llenó de sonidos de platos y de cubiertos.
La madre de Zayn le ofrecía comida cada poco tiempo para intentar que su hijo mo se acostase con el estómago vacio pero, cuando este rechazó unas rodajas de berenjena, su padre puso mala cara.
-Cariño, ¿te acuerdas de aquella vez que te enfadaste tanto conmigo?- preguntó el hombre.
-¿Cuál de todas?
Las hermanas de Zayn empezaron a reírse.
-Cuando me olvidé de nuestro aniversario.
-Ah, sí.
Algo sorprendente pasó en la mesa. La sonrisa de la señora Malik se hizo presente.
-¿Te acuerdas de todo lo que me dijiste?
-Te insulté muchísimo.
-Me llegaste a llamar idiota mal parido.
-Me dijiste que no te parecía importante nuestro aniversario. Me dolió muchísimo.
A pesar de las palabras de la señora, su sonrisa no desapareció. Algo escondía.
-¿Te acuerdas por qué fue?
-Sí. Tenías preparada una sorpresa.
-Te pedí matrimonio.
Y Zayn vió los ojos de su padre. No miraban a su mujer. Le miraban a él, como si quisiera que pillase lo que realmente quería decir con esa historia. Quizá fuese algo como "A veces hacemos algo cruel a otra persona porque la amamos demasiado." o "La intención es lo que cuenta.". Pero no dijo nada. No hizo nada. No se movió.
-Zayn...
El moreno miró a su padre.
-Coge el coche y ve a por ella.
El obrero miró a su padre sorprendido. Pero, sin haberlo meditado siquiera, se levantó, cogió las llaves del coche y salió del piso. Iría a por ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario