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lunes, 28 de abril de 2014

53.

Harry se tomaba el café frío. Había estado observándole durante mucho tiempo. Bueno, manteniendo la vista en él porque su mente estaba en otra parte. No le gustaba el café frío. Su madre le decía: "tanto el amor como el café... nunca fríos.". Y tenía razón. Había permitido que su cabeza guiase a su corazón. Y había llegado a sentir vergüenza ajena cuando todos sus amigos habían ido encontrando parejas con las que pasar el tiempo libre. ¡A él le gustaba ir de flor en flor! ¡Le gustaba conocer a tías cada vez que salía de casa y luego follarselas en el baño! Porque él nunca hacía el amor. Pero todo eso cambió cuando la vio. Siempre le dijeron que el amor se siente desde el primer momento como unas mariposas en el estómago o como unas descargas eléctricas que van desde las puntas de los pies hasta la cima de la cabeza. Pero él no lo notó. Fueron sus amigos. ¿Por qué? Solo eran unas simples acciones que Harry denominaría amabilidad: defenderla de Brad, estar junto a ella en comisaría...

Se terminó el café y se fue al baño para ducharse. Era lo que realmente necesitaba. Necesitaba sentir que el cansancio y la culpabilidad se iban por el desagüe y que le dejasen en paz. Necesitaba que sus demonios se calmasen para poder continuar con su vida de siempre llena de copas, discotecas y tías de todo tipo. Pero tenerla en la mente no le ayudaba para nada. Paula parecía haber vaciado una pequeña parte de su mente y haberse sentado allí mientras removía todas sus cosas. Harry no sabía por qué pero cuando pensaba en cualquier cosa, esa cosa le recordaba a Paula. Y eso le estaba volviendo completamente loco.

Salió de la ducha cuando se dio cuenta de que sus demonios no iban a parar de saltar por todo su cuerpo y luego miró el móvil, que lo había dejado encima del lavabo. Pensó en llamar pero siempre que lo iba a hacer se decía: "estás loco, Harry". Entonces lo dejaba de nuevo para continuar con su tortura.

A unos metros de distancia Louis escuchaba música con los cascos y leía una revista de coches para luego dejarla de lado y tumbarse en la cama. Él tenía el mismo problema que Harry solo que él tenía esperanzas en que su amor fuese correspondido. Le enviaba mensajes a Hope y todos ellos tenían contestación. Incluso Hope la llamaba a veces para mantener una amena conversación sobre los viejos durante cerca de una hora. Luego colgaban y cada uno continuaba con su vida.

Cualquiera que hubiese visto a Louis hace unos meses hubiera pensado que estaba obsesionado con la boxeadora pero ahora se daría cuenta de que lo que sentía Louis verdaderamente era el mundialmente famoso "amor verdadero". Louis estaba seguro de que alguna vez se casaría con Hope y de que envejecerían juntos como el matrimonio indicaba: hasta que la muerte les separase. Obviamente que Louis esperaba que las cosas se arreglasen pronto. Quizá antes de Navidad. Como muy tarde a mediados de enero.

Zayn observaba el parque con una mirada triste. Había pasado una semana desde que había escuchado esa conversación entre Lucía y su madre, una semana en la que había reflexionado más que en su vida entera y, aunque la decisión le había costado horrores tomarla, sabía que era lo que tenía que hacer, aunque eso significase ser infeliz.

Estaba en el parque donde empezó todo. Si se fijaba bien, el moreno podía ver al pequeño Gonzalo jugando al balón junto a él mientras que Lucía estaba sentada justo en el mismo banco donde estaba él sentado. Tragó saliva cuando no pudo aguantar más y se le derramó la primera lágrima de uno de sus ojos. Lo intentó detener cosa que le costó muchísimo cuando vio a su chica venir por el camino de tierra. Parecía sonriente -como siempre- y estaba guapísima con su pelo suelto y su trenca marrón. Zayn se frotó los ojos con la manga del abrigo y luego miró la suelo esperando que su chica no pudiese ver sus ojos irritados. Aún no sabía que decirla y ya se estaba arrepintiendo pero tenía que hacerlo. No quería que Lucía echase por la borda todo su futuro por él.
-Hola- dijo Lucía mientras que se sentaba en el banco cansada-. He perdido el autobús y me ha tocado venir andando. ¡He venido casi corriendo! ¡Me duelen los pies...!

Zayn miró de reojo a su novia y se mordió el labio. "Tienes que hacerlo, Zayn".
-Te he notado raro esta última semana- dijo Lucía-. Casi no me enviabas mensajes.
-Sabía que tenías exámenes. No quería molestarte.
-Tú no molestas. Tardo diez segundos en contestar a un mensaje. ¡Fijate tú que gran pérdida de tiempo es malgastar diez segundos en contestar a tu novio!

Zayn levantó la cabeza y apoyó los codos en sus rodillas para luego apoyar la barbilla en los puños de la mano.
-Quiero dejarlo.

Zayn escuchó como su corazón dejaba de latir por un momento para luego retomar su pulsación con un ritmo mayor.
-¿Qué?- preguntó Lucía.
-Ya me has odío. Quiero dejarlo.
-Pero, ¿por qué?
-Nuestra relación es complicada.
-¡Que va! Es perfecta.
-La perfección es aburrida, Lucía- contestó Zayn tensando la mandíbula.

Lucía empezó a empalidecer. ¿Qué había pasado? ¿Por qué le dejaba así de repente Zayn? Hace una semana estaban tan felizmente haciendo el amor y ahora...
-Ya entiendo- dijo ella antes de que sus ojos marrones empezasen a aguarse-. Solo me has usado. Solo querías acostarte conmigo.

A Zayn le dolió en el alma que ella dijese eso cuando no era verdad pero se mantuvo en silencio. Si eso servía para que Lucía le odiase, ¡bienvenido sea!
-Eres un cerdo cabrón- susurró Lucía mientras se pasaba la manga por la cara haciendo que el maquillaje se le empezase a correr. Se había puesto guapa para un cabrón-. ¡Eres un cerdo cabrón!- gritó antes de que le empezase a dar golpes a Zayn con la máxima fuerza que tenía-. ¡Putero! ¡Gilipollas! ¡Solo usas a las mujeres para conseguir lo que quieres! ¡Solo quieres sexo!- luego se levanta del banco y señala a Zayn con el dedo como si le fuera a maldecir-. ¡No tienes sentimientos, Zayn! ¡Y encima te diviertes jugando con los de otras personas!

Zayn se mordió el labio y volvió a mirar al suelo. No quería derrumbarse en el último momento, quería mantenerse fuerte, quería que Lucía tuviese un futuro.
-¡Quiero que borres mi número de teléfono! ¡Quiero que lo borres y que borres cualquier rastro de mí en tu vida! ¡No quiero volverte a ver, hijo de puta! ¡No quiero saber nada más de ti!

Después Zayn solo escucho unos pasos que se alejaban corriendo y se llevó la mano a la cara para quitar las lágrimas de las cuencas de sus ojos. Ya se arrepentía de haber dejado a Lucía.

sábado, 26 de abril de 2014

52.

Liam escuchaba atentamente con Laura le contaba todo lo que había ocurrido días atrás en su casa. Tenía el ceño arrugado mostrando preocupación en el tema.
-¡Y me quiere conocer!- dijo Laura alterada mientras que movía mucho las manos en señal de nerviosismo- ¡Me quiere conocer después de haberme abandonado hace diecisiete año!

Liam no sabía que contestar. De hecho, no había abierto la boca desde que había saludado a su novia porque esta había empezado a despotricar contra su verdadera madre. ¿Qué podría decir? ¡Nunca había vivido algo así en su vida! No tenía una experiencia parecida.
-Mis padres dicen que ha cambiado, que ya no es una vulgar puta drogadicta. ¡Que ha ido a una clínica! ¡Que ha ido a una clínica por mí!

Laura abrió la boca pero no sabía qué decir tampoco. ¡Era una situación irreal!
-¡Por favor! ¡Dime algo, Liam!- pidió al fin.

Liam la miraba sorprendido por la nueva información que su cabeza estaba procesando. Sus pensamientos estaban desordenados.
-No sé qué decir- dijo finalmente.
-¿Piensas que es normal?
-Desde luego no.
-¡Esto está siendo muy difícil para mí!
-Te entiendo, cielo.
-Menos mal- suspiró Laura.
-Pero a lo mejor...
-Ni se te ocurra decir que la debería conocer. ¡Ni se te ocurra!

Liam, que iba a decir eso justamente, cerró la boca.
-No me lo puedo creer... Piensas como tus padres...

Laura cerró los ojos para intentar no llorar. Ya había llorado mucho por ese tema y, además, un bar no era el lugar idóneo para mostrarse así.

Liam la miró preocupado y luego la agarró de sus manos. Debería decirlo. Sí.
-Laura, cariño, piensa en tu madre también- susurró-. Seguro que a ella le costó mucho darte en adopción. Seguro que te amaba tanto o más que a su propia vida... Pero seguro que te entregó a los servicios sociales porque sabía que ella no podría inculcarte una educación como podría dartela otra familia.
-Liam, no, para...
-Laura, darte en adopción fue, seguro, una de las mayores formas de demostrarte su amor.
-¿Amor? ¿Separándome de ella?
-Sí- susurró el chico-. Fue una decisión difícil pero la más acertada para...

Liam no pudo continuar hablando porque Laura se levantó de la mesa en la que se habían sentado para ponerse el abrigo.
-Te he llamado porque pensaba que ibas a comprenderme- dice-. No pensaba que fueras a ponerse de su lado.
-Laura, te entiendo. ¡De verdad que te entiendo! Pero también...

Laura, sin decir nada ni escuchar lo que su novio quería decirle, se dio la vuelta para irse de aquel bar. Liam vio como se marchaba y se iba a levantar para seguirla pero sabía que eso solo empeoraría las cosas y no quería hacer sufrir a la chicha a la que quería. Entonces se quedó en la misma mesa y suspiró profundamente.


Hope desayunaba junto a su hermana alegre hermana en un bar. La hija mayor de los Marshall había llegado a la ciudad el sábado por la noche tras pasar a los cuartos de final en la ciudad de Manchester. No había sido un combate difícil. De hecho, le resultó muy fácil para ella derrotar a Sally Hennezel, una buena boxeadora que en el pasado torneo había llegado a las finales pero fue derrotada allí.
-¿Y esa sonrisa?- preguntó Hope a su hermana antes de meterse un trozo de tortita mojada en sirope de chocolate.
-Nada.
-¿Nada? No parece eso.
-Solo estoy de buen humor.
-¿Ese buen humor tiene la nacionalidad irlandesa?

Ana empezó a reírse por la pregunta de su hermana y bebió un poco del zumo de naranja que le habían servido unos minutos antes.
-Puede.
-¿Puede?
-Sí. Puede.
-Ana, dime de una puta vez si estás saliendo con Niall.

Ana se volvió a reir por el vocabulario que había usado Hope.
-Sí. Hemos empezado a salir.
-¡Eso es genial!- chilló Hope mientras cogía la mano de su hermana con cariño-. ¿Cómo fue?
-¿El qué?
-El primer beso, el primer "te quiero", la primera vez que paseasteis cogidos de la mano... ¡Todo!
-No es para tanto.
-¿Qué? ¡No! ¡Es genial! ¡Mi hermana pequeña está desafiando a su padre saliendo con un obrero! ¡Me enorgullece que estés siguiendo mis pasos!

Ana se volvió a reír.
-Papá no lo sabe.
-Menos mal.
-Mamá si que lo sabe. Nos vio una vez en la calle juntos. Pero no se lo ha dicho a papá. Dice que ya tuvo bastante contigo y con Louis.

Hope, al oír ese nombre, borró la sonrisa de la cara. Aún no sabía por qué ese chico había trastocado tanto su mundo.
-¿Ocurre algo con Louis?- preguntó Ana sorprendida por la actitud de su hermana mayor.
-No. Solamente que nuestra relación es complicada.
-Hablé una vez con Niall de eso. Dice que Louis parece feliz ahora.
-¿Feliz?
-Si. No le pregunté el motivo. Pero estoy segura de que te alegras de oír eso. ¿No es lo que querías?
-Sí- dijo Hope notando como un nudo se iba formando en su garganta. Eso es lo que quería... antes.


Zayn apagó el motor del coche cuando aparcó enfrente de la casa de su novia.
-Gracias por traerme- dijo Lucía mientras sonreía.
-Siempre me das las gracias.
-Siempre me traes.
-Debo hacerlo.
-No tienes por qué.

Zayn sonrió cuando recibió un beso de la chica en sus labios. Había sido una gran noche para ellos. Se lo habían pasado genial. Sobre todo él cuando se despertó y se encontró a Lucía en la cocina vestida solo con una camisa del chico que le tapaba hasta unos centímetros más abajo del muslo.
-¿Sabes que te quiero, Rey Moro?
-Nunca me lo habías dicho.
-Nunca es tarde.

Zayn la dio otro beso. Nunca se cansaría de esos besos.
-Tengo que entrar y estudiar.
-Está bien. ¿Quieres que nos veamos esta noche?
-Ven a por mí a las ocho.
-Perfecto.

Lucía le dio otro beso, el de despedida, para salir del coche después con una sonrisa. Caminó hasta la puerta donde llamó al telefonillo para que la abriesen. Entró al jardín y enfrente de ella se encontró a su madre con una mirada dura sobre ella.
-Buenos días- dijo Lucía.
-¿Dónde has estado?- preguntó su madre.
-En casa de Laura.
-¿Y te vas a dormir a casa de tu amiga teniendo el martes examen de lengua?
-Mamá, lo llevo bien.
-¿Seguro?- preguntó Susan- Me encontré ayer a tu tutora por la calle. Dice que tus notas están bajando respecto al curso pasado. ¿Me quieres explicar eso?

Lucía intentó entrar en casa pero su madre la retuvo. Esa conversación no había acabado.
-Ya sabes que mi tutora me tiene manía...
-Que te tenga manía no significa que se vaya inventando tus calificaciones.
-Mamá...
-¡Haces este año la selectividad y tú estás tan tranquila!
-Estoy tranquila porque tengo que estarlo.
-¡Tu futuro está en juego y tú solo piensas en tu novio, Lucía!
-¿Qué tiene que ver aquí Zayn?- preguntó Lucía sorprendida por ese nuevo punto.
-Te está absorbiendo. ¡Todo el rato estás con él!
-Mamá, sé separar mi tiempo de estudio con el tiempo de Zayn y de mis amigas.
-No estoy segura de eso.
-¡Mamá!- chilló Lucía harta de esa conversación que se estaba repitiendo constantemente desde que había empezado los cursos preuniversitarios- ¡Sé cuando tengo que estudiar y cuando tengo que divertirme!
-No estoy tan segura de eso, Lucía...

Lucía suspiró y metió las manos en los bolsillos de su abrigo. Hacía demasiado frío.
-Mamá, dejame entrar. He venido pronto para poder repasar lengua para el examen.

Susan miró a su hija no muy convencida del todo pero finalmente la dejó pasar. No quería que su hija perdiese más el tiempo.

Mientras tanto, Zayn arrancó el coche para marcharse con rapidez. Aún no se había ido para que sus padres no se diesen cuenta con quien había pasado la noche su hija. Y menos mal que no se había ido. Si lo hubiese hecho no hubiese oído esa conversación entre madre e hija.

jueves, 24 de abril de 2014

51.

Lucía sonreía ante el roce del dedo índice de Zayn en su espalda desnuda y por las descargas eléctricas que notaba cuando el moreno le besaba la nuca con dulzura. Estaban en la cama, desnudos, justo después de haber compartido un íntimo recuerdo por primera vez. Zayn, paso su brazo por el pecho de Lucía y acercó su espalda a su pecho para evitar que se rompiese el contacto.
-Si eres guapa con ropa, sin ella... No tengo palabras.

Lucía se rió y agarró la mano del moreno para darle un beso.
-Ha sido muy bonito- contestó ella girando la cabeza para mirar a su novio.

Zayn la había dado una sorpresa. Supuestamente habían quedado para ir a cenar en un bar o en algún puesto de comida rápida y luego podrían pasear dados de la mano como el resto de los enamorados. Pero el moreno había limpiado la casa y había preparado unos espaguetis a la carbonara. Zayn la había preparado una cena romántica y, a la hora del postre -una mousse de chocolate comprada en una de las pastelerías del barrio- Lucía le había empezado a besar lentamente, un beso que evolucionó hasta que Zayn cogió a su novia en brazos y la llevó a su cama para empezar a quitarla la ropa y darle besos en los lugares secretos de su cuerpo.
-¿Te puedes quedar a dormir?- preguntó él.

Lucía arrugó la nariz. Podía intentar llamar a sus padres y decirles que iría a dormir a casa de Laura.
-Lo intento, ¿vale?- dijo mientras se levantaba de la cama para ponerse la camiseta que le había quitado a Zayn y para ir a buscar su bolso al salón.
-Me sienta muy mal que te separes de mí- dijo Zayn poniendo un puchero al darse cuenta de que ahora la cama empezaría a enfriarse por la ausencia de su chica. Oyó como ella se rió-. Yo, que te he preparado la cena, creo que no merezco esto.
-¿Por qué metes en la conversación a la cena?
-Porque me he tirado toda la tarde cocinando.
-¿Toda la tarde?- preguntó Lucía mientras volvía a la habitación-. Entonces hoy no has ido a trabajar por la tarde y me has ido a buscar a las nueve- Lucía miró al moreno que estaba cambiando la cara-. ¿Cuánto has tardado en realidad?
-Cerca de media hora.
-Y el postre no era casero.

Zayn vio que su chica se volvía a meter en la cama y la abrazó para darle un beso en los labios.
-Pero te ha gustado- dijo el moreno.
-Me ha encantado.

Lucía coge el móvil y pulsa el botón verde para iniciar una llamada. Ella le mandó callar cuando su padre contestó.
-¿Si?
-Papá, voy a quedarme a dormir a casa de Laura.
-¿Qué Laura?
-La hija del matrimonio homosexual. Te he hablado más de una vez de ella.
-Sí, lo sé. ¿Se lo has preguntado a mamá?
-No. Dejame, por fi.... Vamos a ver una película y a cenar una pizza.

Lucía oyó como su padre dudaba.
-Está bien. Pero mañana ven pronto. Tienes que estudiar.
-Lo sé, papá.
-Disfruta, buenas noches.

Jake colgó la llamada pero Lucía decidió gastar una broma a su novio que estaba mirando atentamente.
-Bueno, papá, te voy a decir la verdad. Me voy a quedar en casa de Zayn para que me haga el amor.

Zayn, al escuchar eso, abrió la boca e intentó quitarle el móvil para colgar.
-Mira, ahora me quiere quitar el móvil. Seguro que quiere repetir. Es insaciable.
-¡Pero cuelga!
-Claro, papá, siempre con condón. ¡Ah! ¿Que quieres un nieto?
-¡Cuelga, loca!
-Normalmente no me llama loca. Me llama ninfómana...
-¡Lucía! ¡Ay, Dios! ¡Tu padre me mata!- chilló el moreno antes de coger el móvil y ponérselo en la oreja-. Señor Smith, no. Su hija se encuentra mal. No quería decir eso. ¡Dios!- tapó el micrófono del teléfono y miró a su novio mal-. ¡Te voy a matar!

Lucía no podía aguantar la risa cuando Zayn descubrió que la llamada había finalizado hacía un rato.
-¡Que susto me has dado!- dijo mientras se llevaba las manos a la cara-. Deja de reírte.
-No puedo- contestó la chica mientras que apoyaba la cara en la suave almohada de la cama.
-¡Te voy a quitar yo a ti la risa floja!- susurró el moreno antes de dar la vuelta a la muchacha y de ponerse encima suya para besarla-. Que mal rato me has hecho pasar. Quiero mi recompensa.
-Oye, que no soy una ninfómana como tú te crees.
-Eso ya lo veremos...- susurró el moreno entre beso y beso.
-Oye, me acabo de dar cuenta de una cosa.
-¿De qué?
-Tú me llamas ninfómana pero yo no tengo ningún apodo para ti.
-¿Eso importa?
-¡Claro que importa!- gritó Lucía por las cosquillas que le estaba haciendo el chico-. Creo que te voy a llamar...
-¿Cómo?
-Rey Moro. Eres mi Rey Moro.

Zayn sonrió ante ese mote. Recuerda una vez que Lucía le llamó "moro" porque estaba harta de él y de sus bromas. Fue justo antes de que ocurriese todo. Y ella se disculpó justo antes de que él decidiese dejar a su ex de una forma definitiva. Ahí fue cuando se dio cuenta de que sentía algo por esa morena.
-¿Me vas a llamar así?- preguntó antes de que mirarla a los ojos.
-Si no te molesta...- susurró Lucía mientras se mordía el labio en señal de provocación.
-No me molesta nada que venga de tu boca- la besó-. Y ahora preparaté, tu Rey Moro te va a hacer sentir en las nubes- dijo antes de buscar el borde de la camisa que vestía su novia y empezar a subirla para dejarla de nuevo desnuda.

Paula y Ana estaban cenando en aquel viejo local con ambientación de Grease. la primera vez no les convenció mucho. Ahora mucho menos. Pero Ana quería sacar a Paula de casa. Su amiga lo había hecho con ella cuando estaba mal por lo de que no la llamasen para ser modelo.
-La hamburguesa está mejor que la última vez- dijo Ana intentando tragarse la comida.
-Sí, antes sabía a sobaco sudoroso. Ahora solo a sobaco- contestó Paula.

Ana sonrió para intentar contagiar su sonrisa a Paula pero esta miró a las antiguas mesas sin saber muy bien que decir.
-¿Qué tal con Niall?- preguntó cuando vio que Ana miraba el móvil.
-Estamos bien. Aún no es oficial pero... Estamos bien.
-Me alegro.

Ana suspiró y miró a su amiga.
-No creo que sea para tanto, Paula. No te lo tomes a mal pero... Si te gustase harry te hubieras dado cuenta mucho antes. A lo mejor te parece simpático...
-¿Simpático? ¡Pero si es un gilipollas!

-¡Es que eres gilipollas!- gritó Louis a su compañero de piso-. O sea, a ver que nos aclaremos. ¿Llevas negando que te gustaba Paula durante no sé cuántas semanas y ahora lo reconoces? ¡Ahora que no sabemos contactar con ella!

Louis miraba a su Harry que estaba tumbado en el sofá de color canela con una lata de cerveza en la mano mirando vagamente la televisión.
-Louis, solo lo he dicho para que me dejaseis en paz de una vez. Ahora que "por fin", como tu dices, lo digo no quiero que me deis la puta tabarra. Y esto no quiero que salga de aquí porque si se lo dices a Liam, Liam se lo dirá a su novia, si se lo dices a Zayn, se lo dirá a Lucía, si se lo dices a...
-Ya lo he pillado. ¡Por eso no te has fijado en la hija de los Garfield!- dijo Louis sorprendido.
-Sí me he fijado en ella- contestó el de rizos recordando a la muchacha rubia.
-¿En serio? No me lo creo.
-¿No te lo crees?
-No.
-¿Por qué?
-¡Porque es una tia que está buenísima y no te la estas intentando ligar ahora mismo!

Louis suspiró antes de pasarse las manos por la cara. Su mejor amigo era completamente gilipollas. Luego se giró, fue al perchero y cogió los dos abrigos que había en él. Le tiró uno a Harry.
-Vamos.
-¿A dónde?
-A buscar a Paula.
-No voy a...
-¡Vamos!- gritó Louis antes de ponerse su abrigo y coger sus llaves para salir cuanto antes del apartamento.

miércoles, 16 de abril de 2014

50.

Laura sonrió cuando Liam la dejó en su casa por la noche.
-Muchas gracias, amor- susurró ella antes de darle un beso.
-No las des. Es mi deber como novio traerte a casa. Vaya a ser que tus padres lancen dardos a una diana con mi nombre.
-Idiota- susurró Laura antes de darle otro beso en los labios-. A mis padres les has caído muy bien.
-Eso dicen siempre.
-Mis padres no me mentirían en eso.

Liam sonrió y le agarró de la mano fuerte. Había pasado ya un mes desde que se perdonaron por lo de los padres de Laura y ahora estaba contesto. Laura le había ido contando todos sus problemas, incluso los más insignificantes.
-Creo que debería de entrar ya- dijo Laura-. Es tarde.
-Está bien.

Los dos se despidieron y Laura se bajó del coche para ir a su casa donde vio que las luces seguían encendidas. Eso la sorprendió porque pensaba que sus padres estarían dormidos. También la sorpendió que sus padres la mirasen cuando apareció por la puerta. Parecían preocupados. Incluso parecía que Alan había llorado.
-¿Qué pasa aquí?- preguntó la chica mientras se quitaba el abrigo.

Ted y Alan se miraron preocupados y se agarraron de la mano. Debían de hacer eso juntos. Para eso eran los padres de Laura, para decirla todo lo que ocurria. Todo lo bueno y todo lo malo.
-Laura- susurró Ted-, tenemos que hablar contigo.

Laura miró a sus padres preocupada.
-¿Por qué has llorado, mamá?- preguntó a Alan que hizo que, por ese apodo, un escalofrío recorriese toda su columna vertebral. Ted también lo sintió-. ¿Qué ocurre?
-¿Puedes sentarte, hija?

Laura les hizo caso y miró de nuevo a sus padres. Ted parecía nervioso y Alan preocupado. No sabían cómo iba a reacionar su hija.
-Tenemos que contarte una cosa.
-Claro. Decidme.

Alan soltó un gemido de dolor. ¿Por qué aparecía en ese momento? ¿Quería destrozar la familia después de tanto tiempo?
-Ha ocurrido algo.
-¿Es algo malo?- preguntó la chica-. ¿Le ha ocurrido algo a la abuela? ¡Oh, Dios mío! ¿Qué ha ocurrido?

Laura parecía alterada y cuando Ted se dio cuenta de que su hija se iba a levantar para llamar a su abuela desde el teléfono fijo de la casa la detuvo.
-La abuela está bien. No es eso.
-¿Entonces qué ocurre?- preguntó ella-. ¡Decidmelo!
-Tu madre quiere verte-sentenció Alan.

Laura abrió la boca para decir algo pero miles de recuerdos la vinieron a la cabeza. Y en todos estaban sus padres adoptivos. No esa señora que la abandonó.
-¿Mi madre?- preguntó Laura sorprendida-. ¿Esa drogadicta quiere verme?
-Laura...
-¿Cómo sabe que estoy aquí? ¿Cómo sabe que vosotros sois mis padres?
-No lo sabemos- contestó Ted-. Solo quiere verte. 
-¡No quiero saber nada de ella! ¡Me dijisteis que no la vería nunca! ¡Me dijisteis que mi adopción fue anónimo por ambas partes! ¿Cómo demonios...?
-¡Lo sabemos, Laura!- dijo Alan-. No sabemos cómo...
-No quiero hablar de este tema- susurró Laura a punto de llorar. No era fácil saber que su madre, la de verdad, quería saber sobre ella.
-Quiere verte, Laura.
-La podéis decir que estoy muerta. Ella lo está para mí.
-Laura...

Pero Laura no llegó a oír nada más. Ya había empezado a subir las escaleras para ir a su cuarto.

-¡Vamos, vamos! ¡Tú puedes, Hope!- chillaba el entrenado personal de Hope mientras que está daba unos golpes a su saco- ¡Más fuerte!

Hope lo intentaba. Estaba intentando dar con todas sus fuerzas al saco pero no podía. Desde hacía unas semanas sentía que todas sus ganas de boxear se estaban yendo por otro lado. Quizá por las noches, cuando se iba a dormir, cuando sus lágrimas empezaban a salir sin ningún motivo de sus ojos.
-¡Vamos, Hope!

Hope daba fuerte al saco imaginando caras de personas que le habían hecho la vida difícil. Pero no parecía dar resultado.
-¡Para, para!- gritó su entrenado cuando hizo que el saco se detuviese-. ¿Se puede saber qué demonios te pasa, Hope?
-No me pasa nada, Richard- contestó ella mientras que se quitaba los guantes.
-A mí no me engañas, Hope- contestó el hombre, que tenía el pelo negro y una ligera barriga cervecera-. Desde hace unos días estás así.
-Richard, no me pasa nada.
-¿De verdad? Cada vez te veo con menos ganas de entrenar.
-Puede que esté cansada. No descanso bien.
-¿Por qué?
-No lo sé.
-¿De verdad?

Hope se mordió el labio. De verdad no sabía que la pasaba, era algo extraño, como si una enfermedad empezase a mostrar unos síntomas antes de saber de qué virus lo ha producido.
-Hope, sabes que soy tu entrenador, tu motivador y todo eso... Pero sobretodo soy tu amigo. Puedes contarme cualquier cosa.
-No sé que me pasa.
-Hope, vamos a entrar ya en los octavos de la competición. Tienes que ponerte las pilas. ¿No ha sido tu sueño ganar el Guante de oro?
-Me enteré de la existencia de este campeonato hace dos meses, Richard.
-¿De verdad?- preguntó el hombre-. Mirame, Hope, mirame- dijo él mientras sujetaba la barbilla a la chica-, convirtamos en un sueño la victoria de este torneo. ¡Hagamoslo! ¿No crees que si lo ganas tendrás el respeto de los aficionados? ¿No quieres demostrar que el boxeo no es solo un deporte de hombres?- Hope asintió con la cabeza-. ¡Pues vamos a machacar a todas las mujeres que se pongan delante tuya en el ring y vamos a demostrar quien es la que manda aquí!

Pero Hope, a pesar de que estaba intentando escucharle, muy en el fondo de su mente, sabía que le estaba prevocando esa sensación porque entre todos sus pensamientos podía distinguir dos ojos azules observándola en todo momento.

Zayn sonreía cuando estaba llegando a casa de Lucía para dejarla allí. Ya era muy tarde para estar por la calle.
-Muchas gracias por traerme- dijo Lucía.
-No las des.

Se acercaron y se dieron un beso.
-¿Cómo lo has pasado esta noche?
-Como las demás, genial.
-Eso me alegra muchísimo.
-Eres todo un detallista- dijo la chica acariciando la nuca del moreno. Sabía que le encantaba.
-Solo te he invitado al cine, a cenar y a un helado.
-Ha sido un gran helado- susurró ella junto al oído de su novio que parecía feliz.
-Te mereces mucho más que eso.
-No digas tonterías.
-Las tonterías las dices tú. Ese es tu rol.
-Tu rol es el de ser un imbécil.
-Que mala hostia tienes, cariño.

Lucía se rió y luego le besó de nuevo. Zayn se fijó en la cantidad de coches que había aparcados enfrente de la casa.
-¿Tus padres han montado una fiesta?
-Han invitado a unos amigos. Mi madre quería enseñarles el nuevo suelo, las nuevas puertas y los nuevos rodapiés.
-Parece que a tu madre le ha gustado el trabajo que hemos hecho en vuestra casa.
-Está encantada.

Zayn sonrió. Desde que los padres de Lucía supieron que él era su novio estuvo muy involucrado con su trabajo. No quería quedar mal delante de sus padres. Llegó a agobiar mucho a los demás chicos también, sobretodo a Louis que fue quien acompaño a la señora Smith a elegir las puertas que querían. Y cuando acabaron de cambiar todo el suelo y todas las puertas hacía casi tres semanas, estaba nervioso por si los señores Smith les gustaba. Parecía se que sí.
-¿Quieres entrar?- preguntó Lucía con una sonrisa-. Mi padre estará encantado de invitarte a esa cerveza que siempre le niegas.
-Ya sabes por qué se lo niego. Tu padre me da un poco de miedo.

Lucía soltó una carcajada pero entendía al moreno.
-Está bien. Buenas noches- susurró frente sus labios antes de besarselos de nuevo.
-Duerme bien, ninfómana.

A unos kilómetros estaba teniendo lugar una escena muy divertida con Niall y con Ana. El chico estaba llevando a la muchacha en sus hombros después de la chica intentase tocar un cartel que se escapaba de la punta de sus dedos.
-¡Bajame, Niall!- gritaba Ana riéndose. 
-¿Por?
-¡Bajame!
-¿Qué? ¡No!

Ana se reía y le daba igual que las demás personas que estaban en la calle paseando tranquilamente les mirase y sonriesen a su costa. Le daba igual porque era feliz en ese momento.
-Agarrate a la barra- dijo Niall al rato al pasar junto a una farola. Cuando Ana se agarró, se agachó para que ella se quedase colgando y haciendo que gritara de miedo pero Niall lo la iba a dejar caer así que la agarró de las caderas y la bajó con cuidado hasta que la dejó con mimo en el suelo-. Ya estás a salvo, principita.

Ana sonrió y se abrazó al rubio. Luego miró al resto de la gente. Les seguían mirando. Algunos pensarían que eran pareja pero, por desgracia para ambos, no lo eran.
-Venga, te acompaño hasta tu casa.
-Vale, es por ahí- dijo Ana sonriente.

Estuvieron caminando casi media hora para acabar frente a aquella casa donde vivía Tomas, el padre de Hope, al que Niall le había denominado en "rompecorazones" por no permitir que su hija Hope no pudiera tener nada con su amigo Louis y que no permitiría, en caso de que hubiese algo, que su otra hija tuviera algo con el irlandés.
-Me lo he pasado muy bien- dijo Ana sin borrar la sonrisa de la boca.
-Yo también. Eres una chica divertida.
-Y tú un mentiroso- se burló la chica.

Niall también se rió pero luego hubo un momento incómodo donde ninguno de los dos supo que decir.
-Vaya, a pasado un ángel- susurró Niall.
-Eso parece.

No hubo más palabras durante un minuto hasta que Ana se acercó a su acompañante y le abrazó. ¿Por qué? No había ningún motivo.
-¿Y eso?- preguntó Niall cuando se separaron.
-Me apetecía.

Niall se rió para sí mismo y luego se mordió el labio para reprimir el impulso de besarla. No debía, no quería engancharse a Ana más. Pero no podía porque ya había descrito a la chica en su mente como la droga más dulce que alguien pudiera consumir así que se acercó a ella y la besó tras apartarla el pelo de la cara.
-¿Y eso?- preguntó Ana sorprendida y alegre por la acción del rubio.
-Me apetecía.

Lucía subía en su cuarto tras haber saludado a todos los amigos de sus padres con una sonrisa en la cara. Todos la habían preguntado a la muchacha el por qué de su felicidad y su padre contestó con ella. "Tiene novio. Era uno de los obreros que estaban arreglando el suelo y parece muy majo" dijo Jake frente a la mala cara de su mujer Susan que le gustaba Zayn ni un pelo. Pero Lucía se le borró la cara cuando uno de los amigos de su padre dijo: "ojalá le puedas contagiar a tu hermana algo de felicidad. La pobre ha estado muy mustia cuando ha bajado a pasar un rato aquí".

Cuando Lucía llegó a su cuarto para ponerse el pijama e ir a ver a Paula vio que eso ultimo no hacía falta ya que su hermana pequeña la estaba esperando en su cama dormida. Lucía arrugó la nariz porque solo podía pasar algo para que Paula la esperase metida en su cama en vez de la suya: tenía el corazón partido.

Se puso el pijama y se metió en la cama junto a Paula que se giró al notar la presencia de su hermana. 
-Tenías razón- susurró-. Me gusta Harry.

Lucía la abrazó y la besó en la frente.
-Lo sé.

Lucía sabía el mal rato que había pasado su hermana hacía unas semanas cuando Louis obligó a Harry a que llevase a Paula y a Gonzalo al partido de fútbol de pequeño. La tensión había sido fuerte y que el de rizos no dijese nada durante todo el trayecto -salvo un "buena suerte, Gonzalo" antes de que el niño bajase de la furgoneta- hizo que a Paula se le despertasen las mariposas del estómago y que se sintiesen como garras de tigres.
-¿Por qué he tardado tanto en darme cuenta?
-Esa no es la pregunta. La pregunta es: ¿por qué lo negabas en rotundo?
-No lo sé.
-Yo sí lo sé. Porque te dolía, pero negarlo ha hecho que doliera más.

Paula asintió levemente la cabeza y luego, después de que su hermana preocupada la acariciase con cariño la espalda durante un rato para relajarla, se durmió.

jueves, 3 de abril de 2014

49.

-Parece que ya controlas mejor las matemáticas- dijo Harry mientras bajaba de su regazo a Gonzalo.
-Si. Mañana hago un examen de cuentas. Espero sacar un diez.
-Tienes que sacarlo, ¿eh?

Gonzalo sonrío tímidamente a su profesor "particular" y luego empezaba a colocar todos los lapiceros que había usado dentro de su estuche de Gormiti.
-¿Gon?- pregunta alguien.

Esa voz. Esa voz que a Harry le susurraba en sueños desde hacía una semana. Esa voz que hacía que su corazón se acelerara aunque su propia mente no quisiera reconocerlo.
-¿Si, Paula?
-Baja, vas a llegar tarde a tu partido de futbol- dijo su hermana desde las escaleras, un sitio donde Harry no la podí ver.
-¿Me llevas tú?
-Sí. Papá está en la compra con mamá. Date prisa. ¿Tienes puesta la camiseta del equipo?
-No.
-¡Pues corre que perdemos el autobús!

Harry vio como Gonzalo salía corriendo hacia el armario y como sacaba una camiseta de color azul para ponérsela con rapidez.
-¿Me has preparado el desayuno?- preguntó Gon.
-¿No has desayunado aún?
-¡No! ¡Quiero un colacao con galletas!

Harry oyó como Paula resoplaba desde las escaleras mientras bajaba.
-¿Harry?- preguntó Niall desde el piso de abajo de la casa de los Smith.
-¡Dime!
-¡Baja a trabajar, gandul!

Harry resopló y obedeció con rapidez. A los diez segundos estaba ya en la cocina donde el suelo estaba levantado haciendo que se viese el áspero hormigón.
-¿Que hay que hacer?- preguntó.
-Tienes que ir a por madera- dijo Louis mientras terminaba de colocar uno de los últimos tablones que iban a colocar en el suelo-. Nos queda solo una caja. Tambien tienes que ir a por silicona y todo eso...

Harry apensas escuchó nada. Estaba más pendiente de la chica que estaba a dos metros de él preparando el desayuno a su hermano, que apareció por la puerta en ese instante.
-Desayuna rápido, Gon. No vaya a ser que perdamos el autobús- dijo Paula mientras le removía el cacao en polvo en la leche.
-¿Que hora es?- preguntó Gon.

Zayn, que estaba allí junto a Liam poniendo un rodapié, se remangó la manga de su mono para ver el reloj.
-Las diez y media pasadas.
-Oh, oh...-susurró el niño.
-¿Qué pasa?- preguntó Paula.
-El autobús pasaba a las once menos veinticinco.
-¿Qué?- chilla ella-. ¡Corre!

Harry cogió el papel que le tendía Louis con la serie de los tablones que necesitaban cuando una vocecilla dijo algo.
-No te preocupes. Harry puede llevarnos.

Harry miró al niño. Luego a su hermana que estaba sorprendida.
-Yo...
-¿Vas a coger la furgoneta?- preguntó Gon.
-Sí pero...
-¡Pues vamos!- dijo el niño entusiasmado. La furgoneta de los obreros le parecía enorme y quería montarse en ella. Gon se terminó el desayuno y llevó el vaso al fregadero-. ¡Que llegamos tarde!

Harry miraba a Louis, su compañero de piso, su compinche desde el primer día, su mejor amigo, su ángel guardián en el tema del amor, su consultorio, su hombro en el que llorar cuando algo iba mal. "Por favor, Louis, ayudame" pensó el de rizos.

Louis miro a sus amigos que tenían una sonrisa en la boca y luego le miró a él.
-Llevales, Harry. No es ningún problema. Quizá puede que llegues a la hora del descanso.

"Sucio traidor" pensó arrugando su frente intentando disimular su enfado.

-¿Y Liam?- preguntó Alan.
-Trabajando. Dejame, mamá- contestó Laura un poco cabreada.

Desde el día de la cena con sus padres y sus novios no había vuelto a hablar con Liam. Laura tenía miedo de que estuviera enfadado y de que la dejara. No podía ser. ¡No! ¡Ella quería a Liam! ¡No podía dejar que su relación se acabara por una...! Bueno, no era una tontería. Le había mentido a su novio. Le había mentido con un tema un poco complicado. ¿Cómo se habría tomado Liam ese asunto? ¿La odiaría ahora?
-Es que ayer no salistes. Te quedaste estudiando. Estoy orgulloso de tus notas. ¡De verdad! Pero necesitas salir y oxigenar un poco la cabeza.
-Mamá, por favor, tengo un mal día.
-No. Si eso ya se ve.

Laura suspiro y miro a su padre adoptivo, a ese que le encantaba que le llamara "mamá". Se acordó de como surgió ese mote. Fue el primer día de parvulario cuando todos los niños estaban hablando de los trabajos de sus padres y de sus madres. La profesora de Laura le preguntó "¿y tu mamá en que trabaja, Laurita?" y ella no supo que contestar. Ella no conocía a su mamá. Cuando llegó a casa lo preguntó con una voz muy dulce. "¿Quién es mi mamá?". Ted y Alan se atragantaron con la comida y luego se miraron. ¡Que Dios les salvará en esto!
-Tú mamá es una mujer que trabaja muchísimo, Lala.
-¿En qué trabaja?
-Es... Cantante- contestó Alan nervioso.
-¿De verdad?
-¡Claro!
-Pero nunca la he conocido. ¿Cómo es?


Ted y Alan se miraron de nuevo y juntos empezaron a formar una gran mentira que duraría hasta los doce años. Empezaron a describir a una cantante rubia, de ojos azules, muy guapa y que cantaba como los ángeles para ocultar la identidad de una drogadicta alcohólica que se prostituía para conseguir dinero para cocaína.
-Pero yo quiero llamar a alguien "mamá".

Alan y Ted se voldieron a mirar.
-Si quieres a mí me puedes llamar "mamá"- dijo Alan con una sonrisa que temblaba,
-¡Pero tú eres un hombre!- chilló la niña riéndose.
-Da igual. ¿Por qué no me llamas "mamá"? Ted es tu papá y yo tu mamá. ¡Somos una familia normal!
-Está bien... ¡Que guay! ¡Tengo mamá!

-Por favor, mamá. Estoy estresada.
-Vale, está bien- dijo él antes de cerrar la puerta de su cuarto.

Cuando estuvo sola, Laura cogió el movil y marcó ese número que tanto ansió llamar para luego pulsar el botón verde. Solo esperaba que la voz de Liam sonase igual de dulce que hacía una semana.
-¿Sí?- preguntó este un poco borde.
-¿Te pillo en buen momento?

Oyó como su -aún- chico suspiraba.
-Claro, para ti siempre.

Laura intentó sonreír. De verdad que lo intentó pero solo pudo poner una mueca en su cara.
-Yo...
-¿Qué ocurre?

Laura se bloqueó al oír su voz menos cariñosa. Nunca usaba ese tono de voz con ella así que buscó una hoja en la que, a lo largo de la semana, había apuntado todos los pensamientos y todas las disculpas para que, cuando llegase el momento, supiera que decirle a su novio.
-Lo siento de verdad- susurró cuando encontró la hoja-. No debí haberte ocultado ese tipo de información. Se que es un punto importante pero no sabes todo lo que he llegado a oír sobre las familias de homosexuales. ¡He oído de todo! Que si inculcan a su hijos para que sean homosexuales, que si son unos niños tontos... He perdido a personas cuando les he dicho que mis padres eran dos hombres y nunca más quisieron saber nada más de mí. En el instituto soy conocida por eso. No por mis notas o por mi simpatía sino porque soy hija de homosexuales. ¡Y eso me molesta mucho! ¡Y no quería perderte por eso!

Laura esperó durante unos segundos una respuesta de Liam. Se estaba mordiendo las uñas. De hecho, todos los días se las mordía por ese motivo y tenía suerte de seguir teniendo dedos.
-Laura...
-¿Si, Liam?
-¿De verdad crees que vas a perderme porque tus padres sean gays?

Laura sintió como su corazón se saltó un latido por esa frase y sonrió.
-Lo siento, de verdad.
-¿Te crees que te dije lo que te dije ese día que me preguntaste sobre los gays solo para quedar bien? ¡Lo decía de corazón! No creo que te hayan educado mal. Es más, eres una de las personas más educadas que conozco. ¿Y qué es eso de que inculcan a su hijos para que sean homosexuales? ¡Por favor! ¡Dime que no eres lesbiana!
-¡No! ¡No soy lesbiana!

Laura se rió por ese comentario. ¡Gracias a Dios! ¡Liam no solo no la había dejado! ¡Además era el de siempre!
-La proxima vez que surja algo como esto, por favor, avisame, cielo- dijo Liam por la otra línea del teléfono-. No quiero llevarme más sorpresas.
-Vale. Eso no lo dudes.

Laura sonrió y se imagino a Liam. Seguro que estaba sonriendo. ¡Siempre sonreía!
-Laura, tengo que volver al trabajo en casa de Lucía. ¿Que te parece si voy a tu casa a buscarte cuando termine y comemos juntos? Te echo de menos.
-¡Perfecto! Yo también te echo de menos.
-Entonces preparate que a la hora de la comida voy a por ti.

¡Malditos martillos! ¡Maldito ruido! ¡Maldito Gonzalo! ¡Es culpa suya que ahora Lucía estuviera despierta! ¿Qué hora era? ¿Las once? ¡Por favor! ¡Era sábado! ¡Lucía quería dormir! Se había acostado a las dos de la mañana porque había estado estudiando geografía para el examen que tenía la semana que viene. Además, aún le duraba el cabreo del examen de literatura que había hecho el día anterior. ¿Para que le había servido estudiar tanto? ¡Para nada! El examen de había salido como una puta mierda. ¡Y ahora solo quería dormir! Cerró los ojos con brusquedad por la luz que entraba entre las rendijas de las persianas y se tapó todo el cuerpo con el doble edredón que tenía en la cama.

Cuando ya estaba a punto de dormirse de nuevo, alguien entró en su cuarto.
-Vete, Gon- susurra ella.

La persona se sentó junto a ella en la cama.
-¡Gonzalo! ¡Vete a jugar a la Wii!

Luego la personas se inclinó y le dio un beso en la mejilla rascándola con la barba. Lucía se sorprendió. O había dormido los suficientes años como para que a su hermano pequeño le creciese barba o no era él.
-Vete, Zayn- dijo Lucía mientras se tapaba la cara con las sábanas.
-Que mal despertar tienes, ninfómana.
-Vete, quiero dormir, joder.
-Que mala hostia.
-Dejame dormir.
-Lo siento. Tu padre me ha dicho antes de irse que como a las diez y media no estuvieses despierta que te despertara- susurraba el moreno mientras la destapaba la cara para darla más besos. Zayn podía llegar a ser muy cariñoso.
-¿Mi padre?
-Si.
-¿Te llevas bien con él aunque sepa que...?
-No lo sé. La verdad es que le tengo un poco de miedo pero el otro día me quería invitar a una cerveza.
-Nunca tomes una cerveza con él. Te hará muchas preguntas- le recomendó ella.

Zayn sonrió y la acarició la cara con cariño.
-Te he dejado dormir media hora más. Me podías dar un premio por eso.

Lucía sonrió y se movió dentro de la cama. Luego levantó las sábanas.
-Te dejo que duermas un poco conmigo- susurró ella.

Zayn dudó al principio pero no pudo resistirse y se metió en la cama tras quitarse las botas que usaba para trabajar. La abrazó por la espalda y apartó el largo pelo de la muchacha para darla un beso en la nuca.
-¿Qué tal?
-Cansada.
-Eso ya me lo imaginaba. Me refería a si estas bien o mal.
-Regular.
-¿Y eso?
-Ayer hice un examen de literatura que me salió fatal.
-¿Tienes algún otro?
-Otro más antes de que termine la evaluación.
-Estudiate ese mejor y aprobarás la asignatura.
-¿Y tú?
-¿Yo? Lucía, yo ya no voy al instituto.
-¡Ya lo se, idiota!- Lucía empezó a reirse- Me refiero a cómo estas.
-¡Ah!- exclamó el chico riéndose-. Bien, como siempre. ¿Tienes algún plan para esta tarde?

Lucía dudó. Debería estudiar geografía pero bueno... El examen era dos semanas después y le daría tiempo.
-No. ¿Que habías pensado?
-Primero comer y después pasar la tarde por ahí. Quizá pasear y luego cenar.
-Me parece un buen plan.
-Pues levantate y duchate, ninfómana. Cuando terminemos de trabajar iremos a mi apartamento para que pueda cambiarme- dijo el chico antes de darle otro beso en la nuca y de levantarse de la cama de su chica. Iba a ser un gran día.